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Michal Jarmoluk en Pixabay

Las caricias que vienen desde el amor hacen maravillas. Podemos ver cuando acariciamos un gato y este se pone a ronronear, si acariciamos un perro mueve la cola y se acerca más para que podamos seguir haciéndolo. Acariciamos un bebé y lo estimulamos con nuestro tacto y nuestro calor. Todo ello muestra que las caricias que sanan son un acto de amor y de reconocimiento.

La piel es esa gran frontera entre el mundo y yo, es sensible al cambio de la temperatura, a las texturas y puede sentir el ligero estimulo de un cabello cayendo sobre nuestro brazo.

El acto de acariciar es un ejemplo incluso de nuestra evolución. En tiempos de los homínidos, la comunidad se hizo imprescindible para sobrevivir; estar en comunidad implicaba estar seguro físicamente de depredadores o de guerras. La evolución cerebral también hizo posible el que la comunidad también implicara seguridad afectiva.

El mensaje que da la caricia

Tocar es también una forma poderosa y universal de comunicar distintas emociones. La palmadita en la espalda, el abrazo que rodea nuestra espalda, el apretón de manos puede tener tantas razones: mostrar apoyo, transmitir amor, para consolar, para dar ánimos… Cada uno de esos dice algo diferente, y cada uno se siente diferente, incluso cuando proviene de alguien que no conoces bien.

Al respecto, el Dr. Dacher Keltner -Profesor del Departamento de Psicología en la Universidad de Berkeley-, realizó un estudio donde emparejaron a extraños y los separaron por una barrera con un pequeño agujero. Un participante metía un brazo por el agujero, mientras que el otro trataba de comunicar doce emociones tocando brevemente los brazos de la persona detrás de la barrera. En general, los sujetos que fueron tocados pudieron detectar gratitud, simpatía y amor con una precisión de entre el 55 al 60 por ciento.

Pareciera que la vinculación humana se da literalmente por la sensación de compartir la carga de nuestros pensamientos y el mensaje de soporte lo recibimos justamente mediante el tacto. Esto se debe gracias a que las áreas prefrontales de nuestro cerebro, que ayudan a regular la emoción, pueden relajarse y enfocarse en uno de sus propósitos primordiales: la resolución de problemas. El cuerpo entonces interpreta la palmadita como una señal de apoyo.

La hormona del vinculo

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Los abrazos y las caricias hacen que nuestro cerebro libere oxitocina, conocida como la “hormona del vínculo”.  Neurocientíficos se dieron a la tarea de realizar estudios de imagen con madres y sus bebés durante el abrazo y las caricias. Las resonancias demostraron que las áreas del cerebro que se estimulan son las mismas que el bebé estimula también. Por tanto, la oxitocina te recompensa por establecer conexiones sociales y por mantenerlas.

Para el investigador del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Afectiva de la Universidad de Colorado en Boulder, Pavel Goldstein, cuando dos personas se toman de la mano se produce una conexión tal que ambos organismos se sincronizan, se sincroniza la respiración, el ritmo cardiaco e incluso las ondas cerebrales, estas ultimas responsables de generar un efecto analgésico cuando se experimenta dolor[1].

Además, acariciar promueve la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, al tiempo que reduce las hormonas del estrés tales como el cortisol y la norepinefrina.

Los estudios han demostrado que la oxitocina te hace sentir más generoso, más empático y cariñoso, más colaborativo y más agradecido. Por otro lado, la gratitud, en particular, es una emoción de unión tan poderosa que muchos científicos la han considerado el “pegamento” psicológico que mantiene cerca a las personas.

En conclusión, el contacto interpersonal, no solo tiene un papel especial en el desarrollo humano temprano, continúa siendo crucial a lo largo de la vida, con la pareja, con las amistades y con nuestros hijos e hijas. Las caricias promueven la confianza y la cooperación y, por lo tanto, influyen profundamente en la percepción que tenemos de las personas. Las caricias sanan.


[1] https://www.pnas.org/content/115/11/E2528

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