La llegada de un hijo suele asociarse socialmente con ilusión, esperanza y nuevos comienzos. Sin embargo, para muchas familias, el embarazo o el nacimiento se ven atravesados por una pérdida que rompe de manera abrupta todas las expectativas construidas. Cuando esto ocurre, además del profundo sufrimiento emocional, es frecuente encontrarse con una realidad añadida: un duelo que muchas veces no es comprendido ni reconocido por el entorno.
El duelo perinatal existe. Es un duelo legítimo y profundo, independientemente del momento del embarazo o de las circunstancias en las que se haya producido la pérdida.
¿Qué es el duelo perinatal?
El duelo perinatal hace referencia al proceso de adaptación que experimentan madres, padres y, en ocasiones, otros miembros de la familia tras la pérdida de un bebé durante el embarazo, en el parto o en los primeros días de vida.
Puede producirse tras un aborto espontáneo, una interrupción del embarazo por motivos médicos, una muerte fetal intrauterina o el fallecimiento del recién nacido. Aunque cada una de estas situaciones tiene características particulares, todas comparten un elemento común: la pérdida de un hijo.
No existe una única forma de vivir este duelo. Cada historia, cada embarazo y cada familia construyen una experiencia única.
Un vínculo que comienza mucho antes del nacimiento
Desde la psicología sabemos que el vínculo con un bebé comienza mucho antes del nacimiento. Durante el embarazo se desarrollan representaciones mentales del hijo, expectativas y una identidad parental emergente. Por ello, cuando ocurre una pérdida perinatal, no solo desaparece el bebé esperado, sino también el proyecto vital que comenzaba a construirse (Cacciatore, 2013; Koopmans et al., 2013).
La pérdida no implica únicamente la ausencia del bebé. También supone despedirse de un futuro imaginado, de una forma de entender la propia maternidad o paternidad y, en muchas ocasiones, de una parte importante de la propia identidad.
Por eso, minimizar este dolor con frases como «era muy pequeño», «ya tendrás otro» o «mejor ahora que más adelante» puede aumentar el sufrimiento, ya que transmite la idea de que la pérdida no merece ser llorada, reconocida, elaborada.
Un duelo frecuentemente invisibilizado
Uno de los aspectos más difíciles del duelo perinatal es que, en muchas ocasiones, no recibe el reconocimiento social que sí tienen otras pérdidas.
Al no existir recuerdos compartidos con el bebé o al considerar que «todavía no había nacido», algunas personas del entorno pueden restar importancia a lo ocurrido. Sin embargo, la intensidad del duelo no depende del tiempo de vida del bebé, sino del significado que esa relación tenía para quienes esperaban su llegada.
Esta falta de validación puede hacer que muchas familias vivan su dolor en silencio, sintiendo incluso culpa por seguir sufriendo semanas o meses después de la pérdida.
¿Cómo puede manifestarse este duelo?
No existe una forma correcta de atravesar el duelo perinatal. Algunas personas experimentan una tristeza intensa, mientras que otras sienten vacío, rabia, culpa, ansiedad o una profunda sensación de injusticia.
También pueden aparecer manifestaciones físicas como alteraciones del sueño, cambios en el apetito, fatiga, dificultades de concentración o una gran sensibilidad ante embarazos, bebés o celebraciones familiares.
Dentro de una misma pareja, además, cada miembro puede elaborar la pérdida de manera diferente. Esto no significa necesariamente que uno quiera más al bebé que el otro; simplemente, cada persona dispone de recursos, tiempos y formas distintas de afrontar el sufrimiento.
La importancia del acompañamiento
El acompañamiento del entorno puede marcar una diferencia significativa en la vivencia del duelo.
Con frecuencia, no hacen falta grandes discursos. Resulta mucho más útil ofrecer una presencia respetuosa, escuchar sin intentar eliminar el dolor, preguntar qué necesita la persona y validar sus emociones.
Frases como «lo siento mucho», «estoy aquí para acompañarte» o «imagino que debe de ser muy difícil» suelen resultar más reconfortantes que los intentos de buscar explicaciones o transmitir optimismo de forma prematura.
También es importante respetar que algunas familias necesiten hablar del bebé, conservar recuerdos, celebrar determinadas fechas o encontrar rituales que les ayuden a integrar la pérdida. No existe una única manera adecuada de despedirse.
¿Cuándo puede ser recomendable buscar ayuda psicológica?
Aunque el duelo no es una enfermedad y no requiere tratamiento por sí mismo, en algunas situaciones el acompañamiento psicológico puede resultar especialmente beneficioso.
Puede ser recomendable cuando el sufrimiento genera un deterioro importante en la vida cotidiana, aparecen sentimientos intensos de culpa difíciles de elaborar, existe una elevada ansiedad ante un nuevo embarazo, la pérdida reactiva experiencias traumáticas previas o el duelo permanece bloqueado con el paso del tiempo.
El objetivo de la intervención no es dejar de querer al bebé ni olvidar lo ocurrido. Es ayudar a integrar la pérdida dentro de la propia historia vital, favoreciendo que el recuerdo pueda convivir con la posibilidad de seguir viviendo.
Un dolor que merece ser reconocido
Cada bebé deja una huella, independientemente del tiempo que haya vivido.
Reconocer el duelo perinatal significa reconocer el vínculo, el amor y la existencia de una pérdida que transforma profundamente a quienes la atraviesan. Dar espacio a ese dolor no lo hace más grande; permite que pueda ser compartido, comprendido e integrado poco a poco.
Una idea extendida durante años fue que superar el duelo implicaba dejar atrás el vínculo con la persona fallecida. Sin embargo, las investigaciones de Klass, Silverman y Nickman (1996) mostraron que muchas personas elaboran la pérdida manteniendo un vínculo interno con quien ha muerto. Este vínculo no consiste en negar la realidad de la pérdida, sino en encontrar una nueva forma de relacionarse con el recuerdo. En el duelo perinatal, conservar una ecografía, poner nombre al bebé, escribirle una carta o conmemorar fechas significativas pueden convertirse en formas saludables de integrar esa experiencia en la propia biografía.
Como señala Worden (2018), el objetivo del duelo no es eliminar el vínculo con quien ha fallecido, sino aprender a vivir en un mundo transformado por su ausencia, mientras la vida, lentamente, encuentra nuevas formas de continuar. En el caso del duelo perinatal, esto implica reconocer que el bebé forma parte de la historia de esa familia, aunque su vida haya sido muy breve.
En Mentalizarte, podemos acompañarte a honrar la vida y la huella que deja en tu propia historia.
Referencias:
Cacciatore, J. (2013). Psychological effects of stillbirth. Seminars in Fetal and Neonatal Medicine, 18(2), 76–82. En https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23040157/
Klass, D., Silverman, P. R., & Nickman, S. L. (1996). Continuing Bonds: New Understandings of Grief. Taylor & Francis en chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://api.pageplace.de/preview/DT0400.9781317763611_A23902958/preview-9781317763611_A23902958.pdf
Koopmans, L., Wilson, T., Cacciatore, J., & Flenady, V. (2013). Support for mothers, fathers and families after perinatal death. Cochrane Database of Systematic Reviews.
National Institute for Health and Care Excellence (NICE). (2021). Baby loss: supporting parents and families.
Stroebe, M., & Schut, H. (2010). The Dual Process Model of Coping with Bereavement: A decade on. Omega, 61(4), 273–289.
Worden, J. W. (2018). Grief Counseling and Grief Therapy (5th ed.). Springer.
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