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Llega un momento de la vida donde nos damos cuenta que nos enseñaron casi todo menos a estar “sin”, y cuando llega ese tiempo de perder, nos perdemos.

Hace 6 meses yo perdí y me perdí. No podía comer, no podía dormir, no podía hablar, no podía ni pensar, ya no podía seguir… No había tenido en mi vida un momento tan difícil, un momento donde nada tenía sentido, no había experimentado un dolor tan grande, tan profundo y tan desgarrador como perder a mi papá, mi amigo, mi compañero de sábados, de juegos y de risas. Mi persona favorita. Mi ejemplo a seguir. Mi héroe. Mi guerrero. Mi amigo.

Por un momento creí que no saldría de esto, que sería imposible seguir. La pérdida representaba mucho más que lo que tenía en ese momento. O de lo que creía tener.

Ya hubo un tiempo donde había aprendido a pedir ayuda cuando no puedo sola.

Lo mejor que pude hacer (y lo único que en ese momento pude) fue decidir buscar ayuda, necesitaba encontrar mi centro, necesitaba controlar mis emociones que tanto solían descontrolarse. Mi mente estaba llena de dudas y hasta de miedo. Es mucho más fácil pedir recomendación de un dentista, de un restaurante, hasta de un ginecólogo, ¿pero un tanatólogo?

De por sí el tema de la muerte es un tabú en la sociedad, nos enseñan a que hablar de la muerte, solo es aceptado si hablas jugando o en broma, pero piénsalo, cuando hablamos en serio del tema, inmediatamente vienen respuestas como “cállate, no digas esas cosas”, “ni pienses en eso”. ¿Y por qué no? Si es algo tan natural, es algo que nos pasará a todos, pero además, es algo que le pasará a la gente que amamos.

No recuerdo qué palabras tecleé en el buscador, pero encontré varias opciones, unas fueron descartadas en el momento exacto en que abrí la página de Internet. Pero sí recuerdo el momento en que decidí MentalizArte, justamente porque la pintura, la escultura y el arte en general siempre han tenido un papel importante en mi vida. Así conocí a Michelle, una psicóloga muy profesional, un ser humano que logró conectar conmigo. Que con su conocimiento y empatía, me ayudó a ir paso a paso a sanar la herida, a enfrentar el duelo, a lidiar con mis emociones y también a limpiar mi alma.

Lo difícil fue que en medio de tanta tristeza, de tanto dolor, debía verme a mi misma, debía encontrarme primero, reconocer quién soy, para saber dónde estaba y partir de ahí para retomar camino. Para adaptarme a una nueva vida. A tomar lo que la ausencia física de papá me dejó, no como recompensa, no como sobras o limosna, sino como legado, como tesoro. Herramientas que me permiten encontrar su amor, nuestro amor en todo momento, en mi día a día. Y ser mejor.

¿Qué obtuve de MentalizArte? LUZ, una hermosa luz que me permite ver, ver mi interior, ver desde lo simple, desde mi verdadero yo, que me permite caminar, ya no a oscuras, ya no a tientas. Es una luz que me permite además ver al resto de mi familia, conocerlos, amarlos, ver con ese amor que papá me dejó.

Mi tiempo con papá en este plano, terminó. Es momento de que mi tiempo sea con los demás. Ya él me dejó herencia, me dejó amor, me dejó valores, me dejó educación; es tiempo de crecer, es tiempo de que el pollito crezca, y cuando sea un gallo, sea el que mejor cante, el que de la misma forma, pueda dejar legado, pueda heredar lo esencial, lo más valioso: el amor y la familia.

Así es la trascendencia, así es como uno nunca muere.

30072018.