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Me quedé huérfana cuando tenía 34 años y a pesar de que me sentía consolidada en lo profesional y muy estable en lo emocional, la muerte de mi padre fue para mí, muy pronto. Se había ido en el momento en que más cosas tenía por mostrarle, por compartir…

La ira, la tristeza, el total desánimo, la incertidumbre y la desesperación son sentimientos que la mayoría de las personas experimentan después de la pérdida de un ser querido y es normal que persistan en diferentes intensidades durante algunos meses posteriores.

En lo personal, mi obnubilación estuvo presente por cuatro meses, pero, para cada persona es diferente y obedece a una enorme cantidad de variables como la edad, la personalidad del doliente y la percepción de la persona acerca de la cercanía con el fallecido y cuánto cambia la pérdida de sus vidas. Y aun cuando la relación con los padres no sea cercana, no significa que no se pueda experimentar pena; esa pérdida aún puede sentirse igual de profunda.

La ciencia lo explica

Según el estudio de Andrew E. Scharlach – profesor de Bienestar Social en la Universidad de California en Berkeley- las personas adultas que han sufrido la pérdida de alguno de sus progenitores en un lapso de cinco años, reportan una amplia gama de síntomas iniciales relacionados con la muerte de los padres, incluyendo dificultades para dormir, trabajar y llevarse bien con ciertas personas, además de las reacciones residuales como el enojarse al pensar en el padre o madre, encontrar doloroso recordarles, incapacidad para evitar pensar en ellos.

Los datos de la encuesta sobre los efectos a largo plazo de la pérdida parental indican que el duelo filial puede afectar tanto la salud mental como la física, los hombres tienen más probabilidades de informar problemas de salud física y de aumentar considerablemente las posibilidades el consumo excesivo de alcohol. Los datos también muestran que el género influye en el impacto de la muerte de los padres: los hombres que pierden a su padre parecen experimentar la pérdida con mayor intensidad que las hijas, mientras que las mujeres que pierden a su madre parecen estar más profundamente afectadas que los hijos, esto muy probablemente por la identificación inconsciente.

Además, la pérdida de un padre en la infancia tiene otros bemoles, por lo menos así lo demuestra el estudio longitudinal comandado por Beverly Lim Hoeg, investigadora del Centro de Investigación de la Sociedad Danesa de Cáncer, quien mostró que los hombres y mujeres que habían perdido a un padre antes de los dieciocho años tenían un riesgo significativamente mayor de separación conyugal a diferencia de quienes no sufrieron esa pérdida de forma temprana. También parecen más propensos a entablar relaciones de unión libre en lugar de matrimonios.

A pesar de que en la gran mayoría de ocasiones, muchas personas a nuestro alrededor se impacientan y quieren vernos mejor, antes de que eso sea posible, la realidad es que algunas personas continúan experimentando emociones intensas durante años después de la pérdida, y ese dolor sostenido puede tener efectos cognitivos, sociales, culturales y espirituales, es por eso que se hace necesario que se pueda llevar a cabo una intervención de duelo (que puede ser una consejería tanatológica o una terapia de duelo formal) la cual suele ser más efectiva cuando se centra en los recursos personales y las capacidades del individuo para mejorar su propia capacidad de recuperación.

Es necesario tener en cuenta que la muerte de un padre puede revivir heridas o resentimientos pasados, ​​incluso alterar las relaciones y dinámicas familiares en cuyo caso se sugiere que la intervención sea familiar.

Por otro lado, cuando una persona experimenta un duelo complicado o un duelo patológico (duelo que persiste mucho después de los meses posteriores a la muerte), pueden justificarse intervenciones o evaluaciones adicionales para descartar problemas de salud mental como depresión.

El último punto a considerar en la muerte de un progenitor es el autocuidado. Es un hecho que la recuperación será más fácil si no se esconden esos sentimientos, pensamientos y recuerdos. Comer bien, dormir lo suficiente, tomar tiempo para llorar y hacer algo de actividad física. El duelo es algo personal proceso, pero no se tiene que pasarlo en soledad, sé paciente contigo mismo y con tus seres queridos.

Hoy ya no me duele la partida de mi padre, el dejar de extrañarlo no será posible, pero, como le decía cuando era una niña – Lo querré siempre de aquí a Plutón.

Hasta el próximo leencuentro.

Si te interesa seguir leyendo sobre duelo…

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