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Nuestro cuerpo está diseñado para deshacerse de la mayoría de cosas que no necesitamos y lo hace a través de la orina, las heces y del sudor. Todos estos mecanismos nos ayudan a sacar lo tóxico y dañino y su ventaja es que esto pasa sin que nosotros tengamos una acción voluntaria. Pero no funciona así nuestra mente. Ella conserva cada pensamiento negativo y cada recuerdo o sensación de malestar, sin duda muchas toxinas mentales que nos dañan.

un-perfekt en pixabay

Y así, con el dolor y el sufrimiento normalizado se pueden ir sumando otros dolores y frustraciones y no sentirlos ya tan profundos ni tan fuertes, se les hace espacio con la esperanza de que quizá mañana ya no esté ahí. Pero, la mente obedece lo que le mandamos hacer, si no le decimos nada ella no hace nada. La mente no toma acciones por sí misma, la única forma que tenemos de limpiarnos es hacer un acto consciente y voluntario. 

En el consultorio es normal ver a muchas personas enclaustradas por años con su sufrimiento y pensamientos que generan mayor malestar y puede tratarse de problemas actuales, pero no recientes. Así como limpiamos nuestra casa y desechamos del closet aquello que ya no vamos a usar, así como desplazamos a la papelera de reciclaje aquello que nos consume espacio, quitar el sufrimiento requiere proactividad de nuestra parte.

Desechando las toxinas de nuestra mente

Estableciendo que la duda, el rencor, la obsesión, el aferrarse, el odio y el rechazo son las toxinas mentales que nos hacen infelices, nuestra proactividad tendría que ir enfocada a limpiarnos de ellas. Para la Psicóloga Celia Antonini, autora del libro GPS mental 2.0, existen tres formas en que podríamos mandar al cesto esas toxinas mentales. El uso de una u otra dependerá más de la personalidad y del estilo de cada persona.

  1. Aceptar

En la más típica definición aceptar es no poner resistencia. Es no intentar cambiar lo que esta fuera de nuestras manos. Es saber que no tengo que estar de acuerdo con lo que pasa, pero también que no tengo que pelearme internamente con ellos.  Desear que mi hija sea menos floja, que mi marido sea más atento, que mi jefe sea más flexible y mi amiga más empática es no aceptar a las personas como son, y con ello, no desprenderme del malestar.

Esa tentación de querer cambiar a los otros es pensar que si lo logro ya no me van a herir, no será posible la crítica o el rechazo a cambio de no ofrecer lo mismo.

Aceptar lo que puedo cambiar de lo que no se vuelve sencillo de aplicar si pensamos que de la piel hacia dentro mando yo, de la piel hacia fuera, mis acciones, mis pensamientos y la injerencia en las acciones de los demás es casi nula.

  1. Cuestiona tu manera de pensar

Las creencias son las convicciones que determinan y regulan las pautas de pensamientos. Son ideas que tenemos sobre el mundo, el futuro y nosotros mismos y actúan creando suposiciones, autoprofecías y prejuicios que determinan en ciertas ocasiones la forma de sentir y de pensar. Nos condicionan, independientemente de si son malas o buenas, y modifican la actitud y la toma de decisiones.

Para Antonini, pensar y sentir distinto es cuestión de volver a preguntarnos sobre la situación, poniendo en tela de juicio aquello que establecimos como verdad absoluta.

Aquí, en este punto podemos tocar otra toxina mental de gran impacto, el reconocimiento. Esta búsqueda innata comienza en la infancia con nuestros padres y cuidadores deseosos de que vean y valoren lo bien que hacemos las cosas, ese escalofriante miedo al error y al fracaso hace que busquemos agradar más que el hecho de ser auténticos. Pensar que los otros van a reconocer nuestro esfuerzo puede ser un ancla enorme que nos quita libertad y creatividad y es una de esas creencias que damos por sentadas al darle el poder a las otras personas de calificarnos.

  1. Perdonar

Este verbo significa no mantener pensamientos y emociones negativas por causa de las acciones de terceras personas. Para el también Psicólogo Jack Kornfield, el perdón se puede definir como la resolución de no permitir que la transgresión vuelva a suceder, como una forma de protegerse a sí mismo y a otros; no significa hablar con o relacionarse con la persona que nos hirió. El perdón es una forma de acabar con el propio sufrimiento.

El perdón tiene muchas variables que lo complejizan, por ejemplo, las características de la ofensa y las características del ofensor. Pese a esto, el acto de perdonar no implica reconciliación u olvido, pero al despojarnos de lo negativo nos liberamos de dicha carga.

Por supuesto que cada punto anterior lleva implícitas cosas como soltar el deseo de tener una respuesta, soltar la necesidad de tener la razón, soltar la pregunta ¿Por qué a mí?… Lo más importante de todo esto es que seas consciente de que nadie sacará la basura por ti. Limpiarte de estas toxinas mentales es tu responsabilidad, en caso contrario seguirás intoxicado, manteniendo aquello que te hace daño.

Hasta el próximo leencuentro.

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https://mentalizarte.mx/2019/02/04/cinco-claves-para-tener-una-vida-infeliz/

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