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En otro momento abordamos porqué era necesario entrar en contacto con nuestro niño o nuestra niña interna y las ventajas que esto conllevaba para el día a día. Hoy hablaremos del otro extremo, cuando el niño interno toma el timón de nuestra vida.

En pocas o en muchas ocasiones hemos sentido que cuando surge un problema nos volvemos demasiado pequeños como para hacerle frente, o cuando alguien nos rechaza sentimos toda una oleada de emociones que nos devuelven a nuestra infancia, e incluso, nos podemos comportar como en ese entonces. Queda claro que lo que aflora en ese momento de nosotros tiene poco que ver con las circunstancias actuales.

Consecuencias de la sobreidentificación con nuestro niño interno

Que exista un niño que dirija nuestra vida hace muy difícil que se pueda tomar la responsabilidad de nuestros actos y decisiones, aunque no es la única desventaja. Tener al mando a un niño o a un eterno adolescente tiene otras consecuencias:

  • Generan relaciones ambivalentes

Con aparente despreocupación ante la vida, los niños internos crónicos pueden ir de una relación a otra cuando los problemas aparecen. Pueden reclamar atención de todas las formas y maneras y pueden reprochar que sus necesidades no se satisfagan, en forma de berrinche puede no aceptar las cosas que ahora la pareja le puede dar.

En muchas ocasiones son personas que dependen del cuidado de los padres aun cuando los fines de semana lo puedan pasar con su pareja o amigos.

  • Construyen grandes corazas y se muestran insensibles

Dado que las personas a su alrededor constituyen los medios para satisfacer sus necesidades, cuando no obtienen lo que desean se vuelven irritables e insolentes y los reproches no se hacen esperar. Cuando algo así pasa no tarda en aparecer la repartición de las culpas a todos los demás.

Al vivir inmersos en esta situación no se dan cuenta de los sentimientos de las personas que les rodean.

  • Dependen del amor de los demás

Como es de esperar, los niños eternos no pueden cortar el cordón umbilical y por la misma razón, tampoco los padres pueden por lo que pueden generar relaciones muy codependientes. Pero cuando se trata de forjar relaciones hacen lo posible para que el novio o la novia se encarguen de él o ella.

Son personas propensas a la fantasía y a crear expectativas enormes que si no se cumplen acaban con la relación e inician con la búsqueda de aquella persona que sí quiera dar todo por ellas.

Andrea Piacquadio
  • Poseen baja tolerancia a la frustración

A todos nos ha tocado en algún momento ver las rabietas que hace un niño cuando algo se le niega. Cuando el niño interno lleva el volante, no puede esperar. No puede haber mañana.

Si algo se le niega es común que no respete los límites y que busque a toda costa obtener lo que desea, aunque también puede ir acompañada de decisiones impulsivas, por ejemplo, en el trabajo esta situación se hace visible con las frases que le escucharíamos en los niños de la escuela “le caigo mal al jefe” “yo creo que a la de Capital Humano no le caigo bien” y terminan por renunciar o simplemente ya no ir.

  • Evaden y resisten

En varones criados con el lema “los chicos no lloranel adulto dominado por su niño interno es incapaz de integrar la vulnerabilidad en su relación. Luchan para demostrar que nada les duele. En la pareja es visible cuando ese miembro genera mucha defensividad y poco a poco se va alejando y generan como respuesta la supuesta incapacidad que tienen de vivir con toda la emocionalidad desbordada de su pareja.

Acciones que mantienen al niño interno dominando

Con el fin de siempre estar disfrutando y siendo felices, los adultos y adultas comandadas por el niño interno buscan realizar diversas acciones para compensar el dolor y el sufrimiento, por ejemplo:

  1. Adicciones

Las partes adictivas, según lo explica Ulrike Dahm, reclaman relajación y goce, no obstante, no siempre es lo primordial. A veces, las adicciones se generan para tener un efecto sedante sobre las exigencias sociales o principios morales. Por adicciones no solo hablamos de alcohol o drogas, puede tratarse también de exceso de trabajo, de sexo, de compras, comida o juegos.

La adicción es siempre la expresión de nostalgia, de satisfacción y la búsqueda de reconocimiento. Se vuelve la compañía siempre disponible y que es incapaz de rechazar.

  • Necesidad de perfeccionismo

Exigirnos ser perfectos es una señal inequívoca de que aún se esta tratando de obtener el amor y el reconocimiento a cambio de productividad y rendimiento.

El niño interno busca con desesperación el amor de los padres, de hermanos y jefes imponiéndose un sin fin de reglas; la comodidad y el descanso resulta muy extraño, no es raro que las relaciones de pareja se tornen incomodas cuando la pareja va por la vida con una ligereza que parece, ante sus ojos, mal colocada.  

Entonces, tener al niño y niña interior en el calabozo es tan dañino como aquel que lo tiene comandando su vida. Llevarlo de copiloto es la mejor opción.

Hasta el próximo leencuentro.

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