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Descrito por primera vez por las psicólogas Suzanne Imes y Pauline Rose Clance en 1978[1], el síndrome del impostor se refiere a aquellas personas que son incapaces de internalizar y aceptar su éxito. En lugar de ser dueños de su capacidad para alcanzar sus logros, creen que su éxito se debe a la suerte o algún otro factor externo, temen incluso ser desenmascarados como un fraude.

La carga de vivir con el miedo a ser descubierto por su supuesta falta de competencias requiere una vigilancia constante y tiene un precio emocional; ocultar lo que nos avergüenza consume energía y requiere un combustible continuo para tener éxito en no ser “desenmascarado”.

Una persona poseída por el síndrome del impostor evalúa su valía a través de la validación externa, que nunca parece satisfacer el núcleo interno de su propia incertidumbre. Algunos estudios señalan que las personas criadas en familias que esperan grandes logros, las perfeccionistas y aquellas muy autodisciplinadas desde la infancia están en mayor riesgo de parecerlo.

Aunque no se encuentra considerado un trastorno, el síndrome del impostor se ha asociado con diversos tipos de sintomatologías propios de la ansiedad generalizada y depresión, consecuentes a la falta de autoconfianza, baja autoestima y frustración relacionada con la imposibilidad de cumplir con los altos estándares autoimpuestos cada vez más altos.

Síntomas

Entre las personas que han reconocido que han sufrido este síndrome se encuentran Michelle Obama y Neil Armstrong. Es posible que hayas lidiado con este síndrome o estés lidiando con el si presentas algunas de estas señales.

  1. Manifiestan dudas acerca de sus habilidades y consideran que las demás personas las sobrevaloran sin justificación alguna.
  2. Vergüenza y miedo al fracaso que desencadenan pensamientos como: “¿Qué estaba pensando?” “No soy lo suficientemente bueno” “¡Si intento esto, fallaré!”
    • Se desencadena cualquiera de las siguientes reacciones:
    • Prepararse demasiado para impresionar a los demás
    • Procrastinar y entrar en pánico por procrastinar
    • Aumento de los comportamientos supersticiosos, como usar o no una prenda en particular debido a la creencia de que, si no lo lleva a cabo, fracasará.
    • Deseo de escapar o retirarse de la situación temida o de evitar a cualquier persona que le recuerde la situación específica, lo que lleva a evitar amigos, mentores, compañeros de trabajo o maestros.
    • La creencia de que todo el mundo te está evaluando duramente
    • La creencia de que todos los demás no son un fraude y nunca se ha sentido como un fraude.
  3. Reacciones de ansiedad caracterizadas por:
    • Aumento de la frecuencia cardíaca
    • Hiperventilación
    • Palmas sudorosas
    • Tensión muscular
    • Insomnio

¿Cómo sobrellevarlo?

A menudo, el síndrome del impostor se agudiza durante las épocas de crecimiento y las zonas de comodidad, por ejemplo, después de la graduación, mientras persiguen nuevas calificaciones, en nuevos puestos de trabajo, tras la publicación de nueva información o casos desafiantes. Por ello, resulta beneficioso recordarse a sí mismas que sentirse de esta manera puede ser normal, que no son fraudulentas y que este sentimiento podría estar destacando un período de crecimiento.

Como la misma Dra. Clance afirmó, una estrategia útil para superar el síndrome del impostor es desenmascarar ese miedo a no tener éxito y darse cuenta de que el fracaso es una parte normal y potencialmente beneficiosa del crecimiento.

Otro recurso que puedes poner en práctica es a partir de la Terapia Narrativa. La sabiduría de los cuentos de hadas, nos van proponiendo a lo largo de la historia que el reconocimiento y la validación del Yo auténtico nunca pueden venir de “afuera“. Los cuentos sugieren que debemos afrontar pruebas y desafíos que afirman y confirman nuestro poder creativo, debemos hacernos amigos de partes desconocidas de nosotros mismos (estas partes desconocidas a menudo aparecen en estos cuentos como animales o espíritus auxiliares) y rechazar la evaluación errónea de los demás.

Te propongo que te imagines como el héroe o heroína de su propio cuento de hadas. ¿A qué retos te enfrentas? Ponlos en una lista. ¿Cuáles son los obstáculos que has brincado para alcanzar sus metas? Escríbelos. ¿Qué duendes, espíritus o antepasados podrían aparecer para ayudarte? Dibújalos. ¿Qué sería diferente en ti si pudieras festejar tus logros?  ¿Cuál es la imagen que tienes de ti mismo una vez que te transformas?

Ten en cuenta

Es importante tomar consciencia de que, estar inmovilizado por la ansiedad porque no tienes experiencia en matemáticas, por ejemplo, es una cosa e identificar una brecha en tu conjunto de habilidades y comenzar a trabajar en eso es otra. Esto requiere tiempo, mucha autorreflexión y es mejor hacerlo de la mano de un psicoterapeuta.

Siempre será importante tener espacios dónde hablar de los fracasos y errores sin pensar que dejarán de aceptarnos o de querernos.

Hasta el próximo leencuentro.

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[1] Clance, P. R., & Imes, S. (1978). The Imposter Phenomenon in High Achieving Women: Dynamics and Therapeutic Intervention. Psychotherapy Theory, Research, and Practice, 15(3), 1-8.

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