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Recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha incluido el burnout, en la sección de “problemas asociados” con el empleo o desempleo definiéndolo como “un síndrome […] resultante de un estrés crónico en el trabajo que no fue gestionado con éxito” y que se caracteriza por tres elementos: una sensación de agotamiento, cinismo o sentimientos negativos relacionados con su trabajo y una eficacia profesional reducida”, dejando a muchos colaboradores con la necesidad de no ir a trabajar…

cuatro personas tomando notas de trabajo

Algunas personas lo han definido como un desgaste laboral innecesario sin especificar si ese desgaste se origina por las condiciones en que se esta trabajando o se trata de intolerancia a ciertos factores de las personas que lo padecen, sin embargo, es notoria una mayor tendencia en profesiones cuyo objeto de trabajo son las personas como personal sanitario, profesores, educadores, trabajadores sociales, policías entre otras.

Por otra parte, la psicóloga y profesora de la Universidad de Berkeley, Cristina Maslach, acota tres consecuencias sintomáticas básicas de dicho síndrome:

  • Agotamiento emocional, entendida como la vivencia de fatiga crónica producida por el contacto continuado con personas que demandan atención y cuidado.
  • Deshumanización, referente al proceso de deterioro de sentimientos y actitudes hacia las personas a las que se atiende. La empatía en este punto suele transformarse en cinismo y desprecio.
  • Déficit de realización personal en el trabajo, tras la valoración negativa de la propia competencia profesional o el sentido de la atención ofrecida.
¡Ya no quiero ir a trabajar!

Otros teóricos resaltan que el síndrome de estar quemado (como también se le conoce) es un proceso que sigue una serie de pasos, tal es el caso de Jerry Edelwich y Archie Brodsky quienes explican las posibles causas en su libro “Burnout: stages of disilusionment in the helping profesión” por medio de un modelo de cuatro fases por las que podría pasar cualquier persona afectada, cuando esto sucede la irritabilidad y el absentismo laboral se hace presente. Dichas etapas son:

  • Etapa de idealismo y entusiasmo.

Generalmente se cursa con altos niveles de energía y expectativas sobre la profesión. La profesión crece en importancia en la identidad de la persona y se tiende a sobredimensionar la propia capacidad o impacto del trabajo desarrollado.

  • Etapa de estancamiento

Una vez que la persona comienza a adecuar sus expectativas a la percepción a una realidad más compleja, se va perdiendo el idealismo y motivación intrínseca. La sensación de estancamiento le lleva a demandar cambios, que pueden desarrollarse o no, y que en muchas ocasiones exceden el ámbito profesional, en esta etapa es común, por ejemplo, que las jornadas de trabajo se extiendan y que no haya suficiente tiempo para pasarla con la familia o amigos.

  • Etapa de apatía

Es la etapa más importante ya que la persona apenas siente gratificación o satisfacción por las tareas desarrolladas. Las expectativas para este punto son mínimas y existe un déficit de motivación e implicación que repercuten en su estado anímico y en la calidad del trabajo. Comienzan los síntomas emocionales, físicos y conductuales entre los que destacan: insomnio, vulnerabilidad a las enfermedades, gastritis, contracturas musculares e irritabilidad.

  • Etapa de distanciamiento.

La apatía y frustración se cronifican. La ley del mínimo esfuerzo se aplica más que nunca, además, se mantienen actitudes distantes y las conductas pueden ser cínicas y hostiles. 

¿Qué puedo hacer?

El burnout no es una enfermedad mental, pero es innegable que sí existe un sufrimiento considerable. Por eso, si es tu caso, es conveniente que pongas en práctica alguno de estos consejos para que puedas aminorar las consecuencias del burnout:

  1. Practica alguna actividad física

El hacer caminatas, correr o practicar algún ejercicio es de gran ayuda para lidiar con el estrés además de enfocarte en otra cosa que no sea lo laboral.

2. Delega actividades

¡No todo tienes que hacerlo tú! Si existe la posibilidad de que te auxilien con algunas tareas no olvides aceptar la ayuda.

3. Regálate un minuto

Existen técnicas de relajación y de respiración que puedes realizar en un minuto. Lo importante es que te centres en ti y en el momento presente.

4. Busca ayuda

Ya sea porque requieras aprender a controlar los pensamientos negativos, revertir la pérdida de motivación o simplemente para adquirir herramientas que te ayuden a organizar tus tiempos o ser más compasivo contigo mismo, acudir con un psicólogo puede resultarte benéfico.

También puedes platicar con tus amistades al respecto, quizá tener otras opiniones te ayuden a ser más objetivo con lo que estas pasando, ¡No te aísles!

5. Prioriza

No ayuda mucho que tengas una lista interminable de pendientes. Cada día realiza tres tareas que tengan gran impacto en la productividad de tu proyecto (siempre y cuando tu pendiente del día no sea inespecífica como “escribir la tesis”) El resto del día puedes dedicarlo a cosas secundarias, pero, sin presionarte.

Una vez en mi revisión ocular se me dijo una frase que me ayuda mucho en momentos de presión. —¿tienes salud? ¿tienes trabajo? tienes lo que necesitas, pendientes siempre habrá — dijo mi optometrista. Quizá para ti también sea de utilidad.

Hasta el próximo leencuentro.

Pssst! Si quieres seguir leyendo sobre psicología laboral, te recomiendo: https://www.bicaalu.com/atico/2019/cultura_popular_20190101.php

https://mentalizarte.mx/2016/05/10/coaching-multifuncional/

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