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Tal y como nos lo enseño la película intensamente, existen una serie de emociones básicas como el enfado, la alegría, la tristeza, el miedo, el desprecio, la sorpresa, y asco. Todas ellas nos han ayudado a sobrevivir como especie, pero, como se puede distinguir, cinco de ellas están consideradas negativas o desagradables, y aunque nos hayan ayudado en nuestra evolución no todos podemos aceptar el vivir con ellas.

Algunas personas tratan de lidiar con ellas a través del cinismo, el sarcasmo, el humor negro e incluso, evadirlas. Susan Cain, autora el libro “el poder de los introvertidos”, realiza una clasificación con la finalidad de saber si estamos siendo víctimas de nosotros mismos o si por el contrario, manejamos de forma sana nuestras emociones, de tal manera que nos propone 3 tipos de comportamientos:

  1. El embotellador

Si te quitas la frustración, el enojo o la tristeza de encima diciéndote frases como “Esta bien, el día ha sido largo”, “Bueno, no importa” o, en otros casos, sales con tus amistades para distraerte o a beber alcohol para entumecer tu sentir, este es tu tipo.

Los embotelladores tratan de desengancharse por medio de echar de lado sus emociones por considerarlas incomodas o distractores; justo por ello es más común observarlo en hombres.

Si no estás contento con tu relación de pareja, puede que te sumerjas en proyectos que tienes que terminar sin otra opción posible.

Si te encuentras ocupado cuidando de los demás no te sorprenderá saber que desechas tu tristeza o el estrés pensando que en algún momento se dará la oportunidad de estar para ti.

En puestos directivos puede darse el caso de darle la vuelta a temas como el recorte de personal o la reestructuración para evitar una tormenta emocional y una avalancha de miedo.

La desventaja de ser un embotellador es que al ignorar las emociones displacenteras no es posible llegar a la raíz de lo que origina el descontento, es decir, no es posible conocer su causa. Esto hace que se vuelva a presentar aquello que tanto temimos, el mismo tipo de relación de pareja o el mismo trabajo insatisfactorio. Por tanto, no hay posibilidad de un cambio real a pesar de las renuncias o los rompimientos que se tengan.  El embotellador cree que tiene el control de sus emociones, pero en realidad, lo que hace es lo que le impide tenerlo. Un ejemplo sobre esto es el estudio realizado por el psicólogo social Daniel Wegner, quien instruyo a una muestra de personas que evitaran el pensar en osos blancos, ¡ya los imaginaste tú también! Sorprendentemente es que cuando este psicólogo levanto dicha restricción aquellos miembros pensaron más en aquello que no podían pensar.

Además, las personas que conviven con un embotellador comúnmente se sienten mayormente desesperadas por cómo parece que la situación no le importa o la facilidad con que se continua con la rutina.

  1. El cavilador

Este tipo suele ser más común en mujeres.

La reflexión insistente y centrada las dispara a un momento distinto al presente. Para la escritora antes señalada, refiere que la cavilación es prima de la preocupación, aunque la preocupación mira hacia adelante y la cavilación al pasado. A diferencia del embotellador, las caviladoras tiene un paso ganado pues en el intento de resolver están sintiendo y se hacen conscientes de aquello que sienten.

Aquí la emoción no gana fuerza por el encierro y la presión que eso origina, la gana por las vueltas que se le da; repasar y repasar y volver a repasar da la sensación de estar haciendo algo responsable y que conlleva un gran esfuerzo, pero, no se esta más cerca de resolver lo que nos angustia.

Yo podría decir que la cavilación es prima también de la culpa, pues es fácil atacarnos con preguntas cómo ¿qué hice mal? ¿Por qué reacciono así? ¿qué me faltó?

  1. Perseguidor (a) de la felicidad

Hay una frase de Soren Kierkegaard que define muy bien este tipo de comportamiento. “La puerta de la felicidad se abre hacia adentro, hay que retirarse un poco para abrirla; si uno la empuja la cierra cada vez más”

El hecho de perseguir y de luchar por la felicidad genera una cantidad de enorme de expectativas las cuales desencadenan frustración y aislamiento. Se suele pensar que la felicidad es algo que debemos buscar y conseguir sin importar lo que la vida nos ponga aunado al hecho de que la felicidad es ese algo que debe de mostrarse ¿o acaso alguien sale con cara triste en sus redes sociales?  Mostrarle al entorno la mejor Happy face ha hecho posible que investigadores como Paul Ekman, LeeAnne Harker y Dacher Keltner examinen los diferentes rostros de la felicidad para determinar que existen muchos tipos de sonrisas sociales, pero solo una de auténtica felicidad – la que hace mostrar “las patas de gallo”- o de manera más científica, la que contrae el musculo orbital del parpado.

Darwin ya suponía que la sonrisa era instintiva, hoy la llamada sonrisa triste, aquella que mantiene una simetría en la boca pero que no involucra ningún otro músculo, se sabe que es una muestra clásica de estoicismo.

Fingir que somos más felices de lo que somos evade todos los sentimientos negativos, pero, al forzarnos a ser más felices estamos condenados (as) a generar más frustración pues es algo imposible de lograr.

Para concluir, sea cual sea tu tipo de comportamiento, es importante que sepas que hasta los sentimientos negativos tienen ventajas. Al estar presentes estos estados de ánimo, es más probable que estemos atentos a todo aquello que nos rodea, además de que existe mayor probabilidad de que seamos cautos con nuestras respuestas. También nos ayuda a elaborar mejores razonamientos gracias a que nuestro procesamiento cognitivo es más lento y sistemático.

Esos sentimientos que no quieres son los mensajeros que pueden enseñarte cosas sobre ti mismo, impulsarte a conocer de diversos temas y aprender de tus errores.

Opta por una cuarta opción y mantente abierto a todas las emociones, aceptante y curioso (a) a lo que ellas traigan.

Hasta el próximo leencuentro.

 

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