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Tres áreas que te ayudarán a transitar tu divorcio sin necesidad de torturarte.

El divorcio, según Pedro Bengoechea Garin -autor del libro Análisis exploratorio de los posibles efectos del divorcio en los hijos el divorcio– se trata de un fenómeno que abarca múltiples definiciones: legal (ruptura del contrato legal), económico (dos unidades económicas y no una), físico (dos residencias), emocional (pasar de una dependencia a una independencia afectiva), familiar (el cambio de estatus dentro de los grupos familiares), que impacta por supuesto en todas las facetas de la vida y exige un cambio en la vida cotidiana y en la organización de todas las personas implicadas.

Ilustración- Hombre y mujer separados en un risco

Quizá sea por eso que la idea de divorciarse ronda mucho tiempo antes de comunicarla, y se convierte en una sensación de estar atorados o estancados en un lugar que no parece tener solución; se aparece el miedo a lo desconocido, el temor a equivocarse, a que en el futuro no se sienta mejor de lo que está ahora o que los hijos e hijas lo reprochen más adelante.

La parte más difícil es manejar el acuerdo -la pensión, la división de los bienes materiales o la guardia y custodia- que se vuelve desquiciante y una montaña rusa de emociones y de dolor. Es importante mantenerse enfocado para no perderse en aquello que no es prioritario.

Enfócate en:

La parentalidad sana

El aspecto más angustioso del divorcio para los padres es el miedo de asustar o de lastimar emocionalmente a los niños. Este miedo, más que ningún otro, mantiene a muchos atrapados en matrimonios infelices. Por eso, a muchos les sorprende saber que es todo lo contrario. Si una relación es constantemente infeliz, llena de ira o de peleas hirientes, los niños y niñas a menudo están mejor cuando el divorcio proporciona una mayor estabilidad.

Una vez que el divorcio haya iniciado o incluso antes, cuando se da la separación, es muy importante hacer espacio para dialogar sobre los sentimientos desprendidos de la ruptura. Para ello puedes preguntarles directamente y ser empático por sus preocupaciones. Las hijas e hijos suelen sentirse solos en este periodo porque suelen ver a los padres cada quien por su lado e incluso alejados de ellos.

Además, intenta evitar hablar críticamente sobre tu ex. Decir a los hijos “es un mal padre” o “ella no te quiere” es sobreresponsabilizar a los niños (no es un tema que un niño comprenda, ni mucho menos que pueda solucionar) cayendo en el juego de no comunicar las cosas para que mamá o papá no se enojen y desemboca en un sentimiento de inseguridad y angustia con el progenitor (a). Ten en cuenta que, aunque como pareja las cosas no hayan funcionado no dejarán de ser familia.

Si no sabes cómo hacerlo detente un momento y responde ¿cómo me gustaría que se me informara de una situación como estas? ¿qué me gustaría que pasara con mis padres aún cuando sé que no están bien juntos? ¿cómo me gustaría ser tratada?

Atiende tu dolor

Muchas de las mamás y papás que están pasando por un divorcio solo se permiten llorar en su habitación oscura cuando creen que los hijos ya duermen.  

Como en todo duelo, en el divorcio también existen una serie de etapas ineludibles, pero no secuenciales, que deben irse experimentando y sanando. 

La etapa de negación suele hacerse visible en frases como “Esto no me está pasando a mí”, normalmente cuando hablamos de divorcio la negación funciona como un mecanismo de protección para no sentirse rechazado ante la ruptura amorosa. La segunda etapa es la ira, aquí el sentimiento de venganza es común y se ve en las peleas en los juzgados que suelen durar más de lo necesario por no querer dar tanto de pensión, por no querer dejarle la casa o “para que sufra lo que yo sufrí”. La fase de negociación si no se encamina de buena manera puede generar muchos conflictos pues, se puede llegar a pensar que, si cambia aquello que no le gustaba a su pareja, probablemente pueda recuperarlo. Esta fase puede ser peligrosa si no se vive de manera realista. La penúltima etapa, la tristeza profunda, se genera una vez que se sabe que aquello que tenía ya no se podrá recuperar. En esta etapa es muy importante responderse cuestiones sobre el proyecto de vida y los cambios que se requieran hacer. Por último, la etapa de aceptación es algo parecido a “todavía puedo ser feliz a pesar de mi pérdida”.

Por otro lado, cuidar de ti, de los hijos, acudir al trabajo o las tareas del hogar y estar al pendiente de la situación legal puede ser muy cansado. Con tan pocos recursos es común aislarse y no salir con nadie. Pese a esto, no es sano recluirse, dile a tu red de apoyo cómo te sientes y cuéntales por lo que estas pasando. Hablar con otras personas de confianza te ayudará a sentirte menos sola (o) y a abrir tu perspectiva.

La estabilidad económica

La mayoría de las personas ven que su situación financiera cambia cuando se divorcian y es cierto, es necesario hacer cambios. Recuerda que tiene el poder de crear nuevas oportunidades para hacer crecer los recursos financieros por tu cuenta. Pero por ahora, organízate, conoce los hechos y comienza a hacer los cambios necesarios para que comiences a vivir y dejes de lastimarte.

Para Thomas Attig, autor de varios libros sobre el duelo, el duelo está terminado cuando podemos observar ganancias a pesar de lo que perdimos, si te esta costando trabajo busca ayuda profesional.

Si quieres seguir leyendo sobre el divorcio y su impacto psicológico puedes leer: https://www.bicaalu.com/tintero_digital/2018/bicablog_20180601.php

o sobre relaciones de pareja, te dejo este link: https://mentalizarte.mx/2017/02/01/saboteo-mi-relacion-de-pareja/

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