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Si ya fuiste al cine a ver la secuela de Ralph, lo que ha continuación leerás te hará mucho sentido, si no la has visto, lo que te cuento aquí será claro y te garantizo que no tendrás que verla para entender que esta película no solo habla de la amistad y del internet y probablemente te den ganas de verla o de recomendarla a tus amigos.

A lo largo de la película vemos varias escenas donde este personaje va detrás de su mejor amiga. Por lo general, el comportamiento dependiente se enreda de un modo inevitable con el hecho de ser una buena madre, un buen hijo, buena esposa o como le pasa a Ralph el Demoledor, un buen amigo; no es una

opción no hacer lo que los demás necesitan, primero para no tener que lidiar con la culpa, y a la par, es este sentimiento el que empuja a no esperar nada a cambio.

Como lo vemos en la película Ralph Wifi, es natural querer ayudar a aquellos a quienes amamos y es natural que nos sintamos afectados por aquellas situaciones que los aquejan, la diferencia radica en que no todos reaccionamos como si fuera nuestra responsabilidad, resolver o mantener la felicidad de esa otra persona o sobreprotegerla, ya sea por miedo a que le pase algo o que no regrese a su lado. Justamente de eso se trata este padecimiento. La dependencia emocional es una necesidad afectiva extrema y continua, que obliga a las personas que la padecen a satisfacerla en el ámbito de las relaciones interpersonales como sucede con Vanellope

Lo cierto es que cada vez que nos obsesionamos por otro ser y nos involucramos excesivamente en otra persona, nos separamos de nosotros mismos. En palabras de la periodista y autora de varios libros sobre la codependencia y dependencia, Melodie Beattie, hipotecamos nuestra capacidad para pensar, sentir y actuar multiplicando nuestras inseguridades, se puede llegar a sentir vergüenza por mostrarse enojados o sienten miedo de su propio enojo y el de los demás. Otro aspecto es la falta de confianza, no confían en sus sentimientos ni en los de las personas que le rodean, no se consideran capaces de tomar buenas decisiones ni de tener buenas ideas. Suelen también poner límites débiles al no poder decir no, al dejar que otras personas las lastimen e incluso se puede llegar a incrementar su propia tolerancia hasta hacer cosas que jamás pensaron hacer, lamentablemente en la mayoría de los casos la persona dependiente termina siendo un súbdito de la pareja.

Si la persona tiene una dependencia emocional grave, aceptará ataques, humillaciones, infidelidades, burlas y desestimaciones con tal de no romper su relación de pareja. Es más, si por cualquier motivo se rompe la relación, la echará de menos intentando reanudarla (por la incomodidad y la angustia que representa el síndrome de abstinencia) o bien comenzará otra para evitar el miedo y la angustia de la soledad.

Al multiplicar todas esas inseguridades y emociones el monstruo se vuelve enorme y complejo pues, según el psicólogo Jorge Castelló Blasco -autor del libro dependencia emocional- una persona dependiente puede sufrir un trastorno de personalidad, cuando presenta, además de otros indicadores, al menos cinco características de la siguiente lista:

  1. Búsqueda continua de relaciones de pareja, planteándose la vida siempre al lado de alguien.
  2. Necesidad excesiva de la pareja, que deriva en contactos muy frecuentes y a veces inapropiados (p. ej., llamadas telefónicas continuas mientras la pareja está en una reunión de trabajo, o llegar a una fiesta familiar sin ser invitado)
  3. Elección frecuente de parejas egoístas, presuntuosas y hostiles, a las que se idealiza con sobrevaloraciones constantes de sus cualidades o de su persona en general.
  4. Subordinación a la pareja como medio de congraciarse con ella, que facilita el desequilibrio entre ambos miembros de la relación.
  5. Prioridad de la relación de pareja sobre cualquier otra cosa, que puede ocasionar una desatención prolongada de aspectos importantes del sujeto como su familia, su trabajo o sus propias necesidades.
  6. Miedo atroz a la ruptura de la pareja, aunque la relación sea desastrosa, con intentos frenéticos de reanudarla si finalmente se rompe.
  7. Autoestima muy baja, con menosprecio de las cualidades personales o infravaloración global del sujeto como persona.
  8. Miedo e intolerancia a la soledad.
  9. Necesidad excesiva de agradar a las personas, con preocupaciones continuas.

En suma, un dependiente emocional no está satisfecho consigo mismo, razón por la cual dirige sus necesidades afectivas únicamente a un suministro externo, que necesita ver como superior o “rescatador” y al que se aferra obsesivamente. Por tanto, la psicoterapia en este tipo de casos es de vital importancia pues se debe de trabajar con diversas áreas como la cognitiva, la emocional, la biológica, las relaciones interpersonales, flexibilizar conceptos y aumentar la autoestima, por lo que es importante estar conscientes que se trata de una terapia a largo plazo no de decisiones de un día.

Hasta el próximo leencuentro.

 

 

 

 

 

 

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