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   Era 1922 cuando el antropólogo Bronislaw Malinowski describía el kula. Este se trata de un sistema de intercambio, en Nueva Guinea, destinado a generar prestigio. Su intercambio no piensa en el objeto o la posesión, sino en la relación.  Existen otros tipos de intercambio donde lo más importante es redistribuir los bienes y otros donde lo que se ofrece nos deja con la sensación de que no nos será posible responder con algo equitativo; ya en un terreno individual, la obligación de devolver forma parte de nuestra psique, al menos dentro de nuestra cultura. Robert Cialdini, psicólogo y profesor de la Universidad de Arizona, comenta que en toda relación social existe un principio de reciprocidad que nos rige, pues tenemos la necesidad de responder cuando recibimos algo, es decir, de restaurar el equilibrio.

   De ahí que, toda persona que sea privada de su capacidad de reciprocidad se enfrenta a una enorme frustración.

   El origen de esto tiene que ver, entre otros factores, con nuestra llegada al mundo, sin una madre o cuidador haciéndose cargo de nosotros, simplemente no podríamos sobrevivir. A partir de este momento recibimos lo que nos dan y aprendemos –de forma inconsciente- que estamos en deuda, aun cuando nuestra percepción más adelante sea la de no haber recibido lo que merecíamos en realidad.  Para la psicóloga francesa, pionera en la crianza positiva infantil,  Isabelle Filliozat, señala que un niño que no ha sido amado por sus padres esta en deuda (por paradójico que esto parezca) puesto que se le mete en la cabeza que les debe gratitud a sus padres por el simple hecho de estar vivo.

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   Es entonces, que, para borrar esta supuesta deuda, intenta dar sin parar a todo el mundo. Por el contrario, un hijo que se siente amado no genera esta deuda pues sabe que ha cumplido con la reciprocidad y el intercambio de amar y ser amado ha sido exitoso.  Hay otros padres que hacen grandes demostraciones de amor, o por lo menos así lo creen, y regalan cantidades de juguetes, videojuegos o ropa. Para autores como Judith Saly, este acto es una sobrecompensación y una manera de disculparse por la sospecha muy profunda de no poder amar con madurez, o bien, para poder generar confianza en los pequeños pues se piensa que darles es una forma de premiar, lejos de pensar que la confianza es algo que se gana únicamente en la interacción, en la libertad y en el fracaso.

   En cuanto al acto de dar, la persona que da encuentra en ello una valoración personal; se siente activo y poderoso por el hecho de ofrecer, además, si el regalo es aceptado, el valor del objeto pasará a ser una forma de reconocimiento, pues al fin y el cabo solo se puede dar lo que se posee, aunque también hay aquellos que dan para evitar algún conflicto. En ese momento,. El código social en el que estamos inmersos nos demanda en corresponder de la misma forma, no hacerlo nos enfrenta a la pasividad pues, simplemente, no habría contrapartida.

   También están aquellos que dan mucha protección, mucho de su tiempo, que gustan de acompañar a todos lados, y al igual que con los niños hiperregalados, lo asociamos con una muestra de cariño y cuidado, sin embargo, esta sobreprotección disimulada es un acto agresivo, donde el que recibe solo puede recibir y alimentar su deuda… semillero perfecto para relaciones codependientes.

Hasta el próximo leencuentro.

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