Hola me llamo Mariana, tengo 10 años de casada y estoy desesperada. Mi esposo y yo tenemos una relación en términos generales muy agradable, nos llevamos bien, pero lo que empezó como una ayuda de mi parte al recordarle cosas importantes de su trabajo o de sus pendientes, poco a poco se convirtió en una especie de “obligación,” no por qué él me lo exigiera sino porque, si yo no lo hacía, simplemente no sucedía. Podían ser cosas tan básicas como ayudarle a tener presente el pago del teléfono o sus citas médicas, pero fue escalando hasta recordarle sus juntas, las fechas de nuestros viajes, las reuniones sociales y familiares…en pocas palabras me convertí en su asistente personal. Sé que fue mi culpa porque al principio me parecía que era un acto de amor y apapacho, pero cuando llegaron mis hijos y mis tareas se multiplicaron, sentí que mi cerebro se convirtió en su disco duro externo. He intentado delegarle cosas, lo que nos ha llevado a situaciones muy caóticas, tanto así que casi perdamos la casa porque “olvidó” pagar la hipoteca de la casa. Emocionalmente también se recarga mucho en mí. El año pasado se quedó sin trabajo y entró en inacción, no buscaba trabajo porque estaba deprimido y se deprimía porque no tenía trabajo. Pude conseguirle trabajo con el esposo de una amiga; cómo es muy responsable ha sabido cuidarlo, eso lo reconozco, pero el punto es que debo ser el motor que lo empuja a hacer su vida y eso ha hecho que a veces lo sienta más como mi hijo que como mi esposo y él igual, creo que a veces me ve más como su mamá, su jefa o cualquier otra cosa, menos su pareja. A veces me siento desesperada y pongo distancia, me da miedo que nuestra relación se acabe por esto. ¿Qué puedo hacer?

Mariana, muchas gracias por escribirnos, entendemos lo estresante que es esta situación porque te exige mucha energía y cabeza. Desafortunadamente no eres la única mujer que pasa por esta situación y lo más complicado es que, de alguna manera se nos ha enseñado y aplaudido ser así, por eso es qué, tal como lo describes, lo hacemos casi sin darnos cuenta. Desde pequeñas hemos escuchado frases como: “detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer” dicho que ha fomentado que muchas mujeres se sientan con esa “obligación”, como tú acertadamente la llamas, de estar no solo atrás de sus parejas sino pastoreándolas para que hagan lo que les correspondan.
Solo para que dimensiones lo complejo del problema ha sido objeto de distintos estudios y lo han denominado “mankeeping” o mantenimiento del hombre, de acuerdo con la traducción literal. El término fue descrito por Angelica Puzio Ferrara, becaria postdoctoral de la Universidad de Stanford para describir el soporte emocional que ofrecen las mujeres a sus parejas, pero se ha extendido al cuidado en otras áreas, lo que implica que asuman una hiperresponsabilidad por absorber también tareas cotidianas. El mankeeping surge cuando las mujeres asumen una carga emocional, social y organizativa desproporcionada para «mantener» (keep) a su pareja “funcional” en su vida cotidiana a tal grado que se convierten, como lo mencionas, en gestora emocional, asistente y terapeuta.
La factura del mankeeping
Sí, el mankeeping mantiene la ideología de los roles de género que postula que las mujeres cuidan, anticipan, organizan y los hombres delegan, confían, ejecutan. Resaltamos el que se trata de una ideología, porque lejos de lo que nos han dicho históricamente, no existe ninguna razón biológica que compruebe que las mujeres sean más capaces que los hombres, solo es una convención social que, por cierto, ha sido muy funcional para el sistema patriarcal y para mantener los estereotipos.
Esos modelos, aunque se han mantenido por años, empiezan a caducar a raíz de que la responsabilidad femenina en el ámbito laboral es cada vez más exigente, lo que está generando una repercusión negativa en la pareja en cuatro esferas principales:
a) Carga emocional: en la mujer se refleja en agotamiento mientras que en el hombre se hace evidente como dependencia. El costo para la pareja es una relación de inequidad.
b) Burn out: el agotamiento que describimos en el punto anterior alcanza su punto más álgido cuando las mujeres sienten que “ya no pueden más con la relación”; los hombres se sienten exigidos de asumir responsabilidades que antes ni visualizaban lo que a su vez se refleja en la pareja en fricciones y reclamos constantes.
c) Deseo sexual: las mujeres, al convertirse en madres de sus parejas, comienzan a experimentar una disminución en la atracción hacia su pareja al tiempo que los varones dejan de tomar la iniciativa porque ya no tienen en su cama a una pareja sino a una especie de mamá-jefa que necesitan, pero no desean. El distanciamiento sexual lleva al enfriamiento de la relación y, en muchos casos a la infidelidad de cualquiera de los dos.
d) Autoestima y autonomía, ella posterga sus metas y deseos, él pierde habilidades sociales, emocionales y ejecutivas dando por resultado una pareja frustrada y estancada.
Como si esto fuera poco, el desgaste que viven las mujeres hace que no solo terminan con las relaciones que tenían, sino que también se sientan desmotivadas de tener una nueva pareja a futuro por temor a tener que “mantener” o “maternar” a otro hombre.
¿Qué puedes hacer?
Primer estar consciente de que romper el orden que ya tienen establecido va a modificar el sistema y, aunque esto es lo que requieren a futuro, en un principio va a generar mucha molestia en tu pareja porque debe hacerse cargo de sí mismo. A ti te dará la posibilidad de que puedas regresar la mirada a tu vida y tus intereses lo que puede hacerte sentir egoísta.
Ahora bien ¿cómo puedes quitarte esa carga?
1. Visibilízalo con tu pareja: hazle notar lo cansada que estás de sentirte en una relación inequitativa
2. Deja de anticipar sus necesidades: eso implica permitir que se equivoque y dejarlo que asuma sus consecuencias
3. Redistribuyan las responsabilidades de forma equitativa: si, sabemos que te da miedo que vuelva a poner en riesgo tu patrimonio o alguna situación parecida, en un principio asume las cosas que tienen mayor riesgo, pero solo un par, no más.
4. Evita el rol de reguladora emocional: escúchalo, pero aconséjale buscar a sus amigos o sí es necesario, pedir ayuda de un especialista.
5. Recupera tu espacio mental: para conectar con tus necesidades y deseos
6. Observa qué sostiene los roles de ambos: la necesidad de control, el miedo al conflicto, el deseo de ser indispensable, la culpa, los modelos familiares aprendidos o la educación masculina que fueron entrenados para depender emocionalmente.
7. Evalúa la respuesta de tu pareja: de eso dependerá el pronóstico de la relación, las tres respuestas más comunes son: ajustes y aprendizaje; resistencia inicial pero posible cambio o intento de que todo vuelva al modelo anterior. Si cedes a esta última no habrá ningún cambio.
Soltar el control también tiene un precio, de alguna forma, pese a que estás agotada de estar a cargo de todo, también te da el poder de mantener el orden. Soltar implica delegar, estar abierta al error, ser flexible y permitir que las cosas se hagan de una forma diferente a la que tu hacías, ¿suena difícil? Sí, pero es un riesgo absolutamente necesario. ¿Sientes que no puedes sola? Recuerda que en Mentalizarte estamos preparados para ayudarte.
Esta columna es una colaboración de Clara Sánchez, comunicóloga y psicoanalista, y refleja su perspectiva profesional y social sobre los temas abordados. Si deseas enviar consultas o preguntas, puedes hacerlo con tu nombre, un pseudónimo o de manera anónima en nuestra sección de comentarios o al correo csanchez28@gmail.com. Tus inquietudes podrán ser respondidas en próximas entregas.
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Nota editorial: El término “mankeeping” forma parte de un conjunto de conceptos recientes que circulan en conversaciones contemporáneas sobre relaciones y roles. En Mentalizarte nos interesa acercarnos a estas ideas como puntos de partida para la reflexión, reconociendo que los vínculos humanos difícilmente pueden reducirse a una sola etiqueta y que suelen estar atravesados por decisiones, expectativas y formas de pensar que vale la pena revisar con mayor amplitud.
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