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La fototerapia muestra nuestra interacción con el mundo,  busca significados visuales, entablar un diálogo, formular preguntas, deliberar sobre los cambios imaginados. Por lo general, lo que para el fotógrafo fue el punto de conclusión, es decir, una foto realizada, se convierte para esta terapia en el punto de partida.

La fotografía en psicoterapia, es un instrumento complementario extremadamente útil para el tratamiento del malestar psicológico en casi cualquiera de sus modalidades, en tanto permite conocerse y confrontar la propia imagen interna con aquella que le devuelve su retrato, lo cual puede resultar muy inquietante en algunas patologías relacionadas directamente con el cuerpo: trastornos alimentarios, enfermedades psicosomáticas, problemas de autoestima, incluso fobias sociales y depresión en algunos casos. Se trata de utilizar la imagen fotográfica como un instrumento útil para guiar al paciente a través de la aceptación de situaciones difíciles.

Tiene diversas formas de ser abordada, las cuales veremos más adelante, una de ellas es empleando fotos personales y familiares de los consultantes, ya que es un material con un contenido latente de emociones, pensamientos, recuerdos e información manifiesta que transmiten las fotos; son un catalizador, un estímulo que da lugar a una comunicación terapéutica.

David A. Krauss y Jerry Fryrear, en su libro Phototherapy in Mental Health refieren que son artefactos que muestran de modo simbólico relaciones, contextos y dinámicas de vida. Cuando el participante reflexiona o responde a estos artefactos, reexperimenta sentimientos antiguos asociados a la imagen. De modo subsiguiente el participante es animado a reinterpretar esta información en el presente. Ayudándole a desarrollar capacidades en la observación, pensamiento, comunicación y sentimiento. La función del arteterapeuta en este caso es estimular la exploración personal del cliente y animarle a interactuar con fotos familiares privadas que guarda, recuerda o incluso se imagina.

También el Dr. en psicología y psicoanalista Robert Akeret (1973) alude al uso de las fotografías y los álbumes familiares como ayuda a la interpretación de significados de gestos, posturas y expresiones inconscientes de aquellos que han sido fotografiados; en una foto grupal se evalúa por ejemplo, el espacio, las jerarquías las exclusiones, los planos, las poses y el tiempo que se tarda en decidir.

Ahora bien, dentro de la fototerapia existen cuatro formas básicas de abordaje, las técnicas son:

La primera, siguiendo la línea de Linda Berman, autora del libro Beyond the Smile: The Therapeutic Use of the Photograph, se trata de los autorretratos o selfies para presentarse de manera fidedigna y metafórica. Siempre son fotos en las que el cliente decide sobre cómo se deben hacer y qué deben sacar. Dado que la persona tiene el control total de la fotografía, el autor señala que también se convierte en el sujeto de la terapia.

La segunda técnica se realiza por medio de fotos del cliente realizadas por otras personas, pueden estar posando o ser espontáneas, y se pueden abordan para reflexionar sobre cómo me ven las otras personas y cómo genero mis relaciones interpersonales.  .

La penúltima técnica se centra en álbumes familiares y otras colecciones biográficas, tanto de la familia biológica u de otro grupo de referencia como otro tipo de colecciones, por ejemplo fotos pegadas a la nevera, en el escritorio del PC o en páginas de internet familiares. En este caso, vale la pena proponer una cuestión. El elemento con el que trabajamos es un álbum familiar en relación con la historia de la familia. Recomiendo utilizar la técnica del árbol genealógico. Se puede escribir, dibujar o completar con fotos reales de miembros de la familia.

Por último, la cuarta técnica se trata de las fotoproyecciones. Mirar cada imagen provoca emociones y reacciones que son producto de la realidad interior personal, por eso esta técnica no está relacionada con ningún tipo de fotografía, sino más bien con la relación entre la imagen y su observador. Cada persona crea su versión de asociaciones única. Para este caso es recomendable que cada arteterapeuta prepare su propia colección de fotografías que tenga diversos temas como espacios al aire libre, paisajes, costumbres, estilo de vida, entre otras.

En cualquiera de las técnicas presentadas, es importante preguntar por el contenido de la imagen que se analiza y sobre los elementos que se observan en la fotografía, o si el contenido ha sufrido algún cambio, qué elementos percibe nuestro paciente en la foto, qué le modificaría, cómo se llamaría la foto, qué le llamo la atención…

Como se puede ver, usando fotografías se puede hacer un abordaje tan profundo como se requiera, es fácil de implementar y no genera resistencias al momento de la indagación pues se aborda como cualquier obra artística durante la sesión.  La elección de la técnica dependerá de las siguientes preguntas: ¿qué tipo de seguimiento es el mejor para el consultante? ¿Cuál nos dará más información sobre el proceso terapéutico que ha tenido lugar y sobre el momento al que ha llegado? ¿Qué desea trabajar, cuál es la meta del consultante?

Para saber más sobre la fototerapia te invito a estar alerta a nuestra oferta académica.

Hasta el próximo leencuentro.

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