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Manuel, el hijo mayor de la familia, salió para alcanzar a su padre que minutos antes había salido de casa para ayudarle a su hermano en una riña. Cuando Manuel estaba por llegar a la esquina escuchó un disparo, titubeo unos segundos pero apresuro el paso. Al llegar a la avenida su papá ya estaba tendido en el piso cubierto de sangre. Su muerte fue instantánea.

De acuerdo con el SESNSP, Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a noviembre del 2018 se registraron 30 mil 499 muertes por homicidio doloso. De ese número, 21 mil 543 fueron con arma de fuego. Otra causa de muerte repentina son los accidentes automovilísticos los cuales cobraron la vida de 36,215 personas el año pasado. A este número también se le pueden sumar la muerte que ocurre cada cuatro segundos a causa de infartos y que es la primera causa de muerte en nuestro país.

Sabemos que la muerte siempre ocurre, que es un hecho ineludible, pero, la muerte imprevista asusta, sobresalta, desordena y paraliza más que una muerte causada por una enfermedad. La muerte aquí llega sin anuncio previo lo que muchas veces disminuye la capacidad de afrontarlo.

Para Eduardo H. Grecco -autor del libro Muertes inesperadas- estas muertes sorpresivas generan un quedar detenido y demorado en la vida: la persona no es capaz de avanzar, vive dando vueltas y postergando todo. Por dicha razón, este tipo de duelo siempre es complicado, pues así como Manuel, las personas que sobreviven se sienten culpables de no haber hecho algo distinto, hay mucha confusión sobre lo sucedido, el periodo de shock se conserva por más tiempo y el remordimiento llega para devastar aún más a la persona con esta pérdida. Por lo sorpresivo de la muerte se quedan cantidad de asuntos no resueltos, cosas que se quería hacer o decir y que se convierten en una fuente de especial preocupación.

 Es común, además, que el duelo se retrase por diversas circunstancias como la falta de apoyo social, la necesidad de ser fuerte por alguien más, sentirse demasiado abrumado por la cantidad de pérdidas que ha tenido, por sentirse aturdido o por tener la sensación de que la pérdida no es real por lo que en la consejería tanatológica, es necesario mantenerse centrado en la pérdida y no en las circunstancias de la muerte o en tratar de establecer quién tuvo la culpa. A decir de William Worden -miembro de la Asociación Americana de Psicología y teórico sobre el tratamiento del duelo-  ciertas muertes como los homicidios pueden suscitar respuestas traumáticas, conjuntamente a las comunes del duelo, como lo son las imágenes intrusivas, la hiperexcitación (oír un motor y confundirlo con un disparo, por ejemplo) de presentarse estas respuestas el Tanatólogo tendrá que derivar el caso a un psicólogo que pueda realizar una intervención específica, pues es probable que se trate de un Trastorno de Estrés Postraumático.

Que la irreversibilidad y la presencia de la muerte sea aceptada es la primer tarea y la más importante en este tipo de casos, pues si se deja como algo que va a pasar con el tiempo es más probable que el duelo se momifique y las personas sigan pensando que en algún momento llamará o vendrá de improviso, de ahí que se recomiende que si las personas desean ver el cuerpo de la persona fallecida, lo puedan hacer. Por supuesto que este primer paso lleva tiempo, pero suelen ayudar las ritualizaciones como la velación, el lavado del cuerpo o el novenario que guarda relación con el período de luto.  

Posterior a eso, es normal que la gente se niegue a sentir dolor, pero, negarse a sentir ese dolor es negarse a seguir. El duelo puede ser un llamado que puede ser asimilado como una incitación a realizar un camino de crecimiento, como una oportunidad o un castigo. Facilitar la expresión de eso que duele y los sentimientos asociados a la pérdida es la única manera en que se puede adaptar a un entorno donde la ausencia del fallecido le hace estar presente de alguna manera.

Por lo tanto, aunque es un duelo complicado, no es imposible. Uno de los propósitos de la consejería tanatológica es facilitar a que el dolor no se vaya arrastrando por la vida y que los sentimientos asociados como la angustia, la soledad y la culpa puedan procesarse. Acude con un profesional.

Hasta el próximo leencuentro.

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