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La psicología sigue sosteniendo un debate sobre la definición de la autoestima, sus dimensiones y sus funciones, sin embargo, diferentes estudios convergen en que existen sentimientos específicos (sobre los dominios y roles con los que nos desarrollamos, como madres, como padres, como profesionistas) y los generales (concernientes a cómo nos sentimos con nosotros mismos)

Nathaniel Branden, psicoterapeuta y autor de varios libros sobre el tema, afirma que la autoestima es una necesidad humana básica que influye en nuestra conducta y requiere de un ejercicio constante de nuestras facultades, nuestra razón y nuestra responsabilidad. Pero, hay mucho sobre ella que desconocemos y a la vez suponemos.

Se tiende a pensar que la autoestima es algo que permanece sin modificaciones, contraria a esta idea autores como Hazel Markus, psicóloga de la American Academy of Art and Sciences, define el autoconcepto ( criterio que se vincula con la autoestima)  como una estructura cognitiva formada a partir de la experiencia que uno tiene de sí mismo; por ejemplo, todos en algún momento cuando despertamos y nos vemos al espejo podemos percibirnos más guapos y mucho más seguros, mientras en otros días nos vemos como personas cansadas e inseguras. Esto se debe a que se modifica en función a la retroalimentación que recibimos de nuestro entorno y la retroalimentación interna, digamos, cuando tenemos todo listo para una junta, hemos generado todos los elementos necesarios para llevarla a cabo, pero una sola pregunta nos saca de balance. No sería un gran problema si la junta no tuviera gran importancia, pero si la junta era un evento considerado como un parteaguas, mi retroalimentación interna será muy probablemente negativa, entonces, la autoestima es algo cambiante.

Otra de las cosas que solemos suponer sobre este tema es que las afirmaciones positivas hacen que las personas con baja autoestima se sientan mejor. Lamentablemente, las personas con baja autoestima, que más necesitan las aseveraciones positivas, tienden a sentirse peor acerca de sí mismas cuando las pronuncian. He aquí por qué: cuando una declaración cae demasiado lejos de nuestro sistema de creencias, tendemos a rechazarla. Cuando alguien se siente fundamentalmente débil y sin poder, recitar lo fuerte y poderoso que es, solo les recordará lo mucho que realmente sienten lo contrario.

Irónicamente, las únicas personas que tienden a beneficiarse de afirmaciones positivas son aquellas cuya autoestima ya es alta; cuando nuestra autoestima es más alta, nos sentimos menos afectados por el estrés y la ansiedad, experimentamos rechazos y fracasos como menos dañinos y nos recuperamos de ellos más rápidamente.

Para el psicólogo y conferencista, Guy Winch, nuestra autoestima funciona como un sistema inmunológico emocional que nos protege de lesiones emocionales y psicológicas. Obviamente, deberíamos estar haciendo todo lo posible para proteger y aumentar nuestra autoestima, pese a esto, la mayor parte del daño a nuestra autoestima es autoinfligido, pues respondemos a los rechazos y fracasos volviéndonos autocríticos, enumerando todas nuestras fallas y defectos. Luego utilizamos justificaciones ridículas para justificar el daño a nuestra autoestima cuando ya está sufriendo: “Me lo merezco”, “Es una forma de aprender a tener mis expectativas bajas”. Por supuesto, tu autoconcepto se daña a golpe de repetición, pues la crítica no es muy útil para poder aprender. Y es claro que, con un autoconcepto lastimado, la tarea de tener una sana autoestima se vuelve más complicada.

Es por estas razones que los libros de autoestima, los programas y charlas motivacionales no funcionan, si queremos trabajar en nuestra autoestima lo que podemos hacer es abolir la autocrítica persistente y la autodisciplina punitiva.

¿Estas listo para trabajar en ti?

Hasta el próximo leencuentro.

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