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¿Qué pasará con mis hijos?
¿Qué me espera?
¿Qué voy a hacer?
¿Cómo voy a salir de esto?

Son algunas de las preguntas que las mujeres que han perdido a su esposo se hacen cada día.
La viudez se considera el primer estresor social más importante, con un puntaje de 73 según la escala de Thomas Holmes y Richard Rahe de reajuste social, y es que, a partir de la muerte, todo se vuelve distinto: cambia la relación con la familia, con los hijos, los amigos en común se distanciarán,  los problemas económicos se hacen visibles y lo que era habitual, ya no esta más.Ser viuda resulta ser un desprendimiento de una parte del cuerpo, como una mutilación, es una metáfora que describe el dolor y el desconcierto. El duelo por la muerte de un esposo, dependiendo de las circunstancias del fallecimiento, puede significar:

Insomnio

Soñar a quien falleció
La dificultad de hablar
La sensación de un hueco
La rabia de que para los demás todo sigue igual
La sensación de que ya no hay futuro
El enojo por sentirse abandonada
La incomprensión de los hechos
La tristeza de que no estará más…

William Worden -miembro de la Asociación Americana de Psicología- clasificó estas distintas formas de dolor en cuatro categorías:

  1. Manifestaciones afectivas: La más común suele ser la tristeza junto con el llanto, aunque la irritabilidad, la ansiedad, los sentimientos de culpa, el autorreproche e incluso fatiga pueden estar presentes.
  2. Manifestaciones físicas: Es común sentir una opresión en el pecho, falta de apetito, dolor de cabeza, vacío en el estómago y dolores de cabeza.
  3. Manifestaciones cognitivas: Se hacen visibles en la falta de atención, confusión, preocupación e incredulidad.
  4. Manifestaciones de la conducta: Se expresan en trastornos del sueño, cambios en la alimentación, conducta distraída, hiperactividad, aislamiento social o atesorar objetos del esposo.

En hogares donde la muerte aparece demasiado pronto, el marido suele fallecer de forma súbita, ya sea por algún accidente o por infarto. Este carácter precoz deja a las viudas jóvenes sumergidas en un duelo más difícil por hacer, más angustiante y más doloroso y muchas veces se complica aún más por diversas situaciones, una de ellas es que la familia de la mujer no suele dar el espacio de contención necesaria. Algunas veces se encuentran con frases como: “Eres fuerte” “Eres joven” “Encontraras a alguien” “Tienes que ser fuerte por tus hijos”, estas frases generan la sensación de que la familia tolera poco su dolor y que no quiere saber de sus sentimientos lo que propicia el aislamiento y la percepción de estar sola.

Otro aspecto que dificulta el duelo en mujeres jóvenes es el proyecto común. La incertidumbre sobre seguir con el plan, si eran socios de alguna microempresa por poner un ejemplo, generan dudas sobre dejarlo a la familia política o cambiar de giro y dedicarse a otra cosa, son de las decisiones que no se consideran capaz de tomar.

Otra variable suele ser la familia política. Si compartían la casa con la suegra, la presencia de la viuda en casa hace aún más presente la ausencia de quien murió, lo que suele desencadenar rechazo y enojo hacia la viuda. El antagonismo que se origina también da lugar a sentimientos hostiles y rigidez afectiva que no nos permiten considerarla una red de apoyo útil.

Existe también la necesidad en algunas mujeres de reinsertarse en el ámbito laboral o tomar otra jornada, con lo cual puedan alcanzar cierta estabilidad económica, sin embargo, cuando hay hijos esta decisión también tiene consecuencias y entre ellas, la culpa y la impotencia al no poder hacer otra cosa.

Ser viuda enfrenta a cada mujer a la difícil tarea de reconstruir: algunas volverán a intentar generar otro vínculo de pareja, otras tomaran el desafío de construir nuevos proyectos o de retomar los que estaban postergados, otras revaloraran vínculos perdidos en el tiempo y otras más dejaran de tenerle miedo a los fines de semana, pero sea cual sea la decisión que tomen, es necesario transitar el dolor, el pesar y la destrucción de una promesa a futuro para poder construir otra vida. Para ello puedes acercarte a grupos de reflexión o grupos de apoyo, tener una consejería tanatológica, o bien, iniciar una terapia de duelo que ayude a recolocar todos los recuerdos, todas las historias que permanecen en nuestra memoria a pesar de la muerte.

Hasta el próximo leencuentro

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