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Hola soy Karen. Desde que comenzó a cambiar el semáforo epidemiológico y anunciaron que pronto regresaríamos a nuestras actividades normales me he sentido muy angustiada. Me da miedo salir de casa, estar cerca de tantas personas y además pensar que los niños regresan a clases me asusta mucho, pero también me doy cuenta que ya nos hace falta empezar a retomar nuestras actividades, ¿Qué puedo hacer?

Karen, muchas gracias por escribirnos.  Sí, aunque de forma paulatina, cada vez es más eminente el regreso a las actividades normales y, por supuesto es muy común que después de haber estado tanto tiempo aislados, de haber enfrentado el contagio de algunos de nuestros amigos o familiares e incluso perderlos, nos angustie salir de nuestros refugios, esos que tejimos con tanto esmero y que se han convertido en nuestro lugar seguro.   

Sabemos que ya han disminuido los casos, que se ha avanzado con el tema de la vacunación pero aún no es suficiente para retomar nuestra vida cotidiana. Si a esto le sumamos la forma como se han manejado los semáforos epidemiológicos, sin una consistencia clara, pues lo esperado es que nos pongamos más temerosos, sin embargo el estrés de estar aislados también nos está pasando una factura física y emocional.

El síndrome de la cabaña

El temor que describes tiene un nombre, el síndrome de la cabaña, y se refiere al miedo a cualquier actividad que implique salir de casa o contactar personas ajenas a nuestro hogar, eso incluye ir a trabajar, tomar transporte público e incluso relacionarnos con amistades o familiares. Fue surgiendo como un mecanismo adaptativo, si recuerdas primero estábamos muy enojados de estar encerrados, nos negábamos a aceptar que deberíamos mantener distancia y ahora nos pasa justo el mismo fenómeno pero a la inversa.

Estas sensaciones son normales y podemos ir recuperando nuestra confianza poco a poco, ya que, a diferencia de como nos sucedió cuando se anunció la pandemia que tuvimos que encerrarnos de un día para otro, ahora podemos ir programando nuestra reconexión.

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Photo by Fabián Arturo Sosa García on Pexels.com

La enfermedad del encierro.

La razón principal por la que necesitamos retomar nuestra vida cotidiana es que nuestra “cabaña”, por muy paradójico que parezca, también nos enferma.  La socialización nos permite tener mayores recursos de sobrevivencia. A nivel neuronal, Alejandro Tapia de Jesús, Maestro en Psicología y Neuropsicólogo clínico, explica que el aislamiento hace que se merme el nacimiento de nuevas neuronas y por consecuencia se dejan de crear factores neuroprotectores que nos permiten protegernos de trastornos como la ansiedad y la depresión, generando un deterioro cognitivo que se puede notar en la falta de atención, olvidos y en casos extremos hasta alucinaciones.

Estas alteraciones varían de acuerdo a la edad. El cerebro es más sensible durante la infancia y la adolescencia dado que aún no se ha acabado de formar: “Concretamente en algunas áreas cerebrales, como la corteza prefrontal –la parte más anterior de nuestro cerebro–, aún se están formando contactos entre las neuronas y se están terminando de pulir los circuitos cerebrales que gobernarán aspectos críticos de nuestro comportamiento.” 1

Por consecuencia, el aislamiento excesivo provoca alteración en el volumen de algunas estructuras cerebrales como la amígdala, encargada de regular las emociones, lo que se traduce en mayor agresividad y miedo. Puedes saber que el aislamiento te está afectando si experimentas:

  • Irritabilidad: te molestas por cualquier cosa
  • Has modificado tus conductas: dejaste de hacer cosas que te gustaban o ya no disfrutas hacerlas.
  • Afectación cognitiva: te distraes con frecuencia, se te olvidan las cosas, te cuesta trabajo tomar decisiones o resolver conflictos.

¿Por donde empezamos?

Los primero es, tal como lo hiciste, reconocer tus emociones. Dialoga con ellas, ¿Cómo puedes minimizar los riesgos de aquello que le tienes miedo? Te pongo un ejemplo, si te asusta el transporte público pero debes usarlo, ¿cuáles son las rutas y horarios menos concurridos? ¿Cómo puedes mantener tus manos constantemente desinfectadas? Tal vez además del gel puedes llevar toallitas húmedas para limpiar ciertas superficies que debes tocar.

Aplica la misma sensibilidad con tus hijos, escucha que les asusta, que fantasías o temores tienen, ayúdalos a ver la probabilidad real de lo que piensan y a darles opciones para evitarlas, igual como lo hiciste tu. Te enlistamos algunas sugerencias para comenzar a cruzar la barrera de tu casa:

  1. Empieza por lo más sencillo: recuerda que los pequeños pasos son los que construyen el camino, quizá antes de regresar diario al trabajo puedes comenzar por salir un par de veces a la semana a lugares cercanos de casa como espacios abiertos. Puedes optar desde caminar por tu colonia hasta ir al parque más cercano y pasar ahí un par de horas.
  2. Mantén el equilibrio: cuando en las escuelas nos hablan de estos modelos híbridos en los cuáles los niños regresarán a la escuela primero un par de días a la semana, nos están dando un ejemplo de como integrarnos a la vida cotidiana, no podemos volver a salir como lo hacíamos antes porque aún seguimos en pandemia, pero tomando las medidas necesarias podemos retomar las actividades que necesariamente requerimos resolver en la calle.
  3. Ordena tus prioridades: Viene de la mano del anterior¿cuáles son las cosas más urgentes que tienes que hacer? Empieza por ellas, trata de incluir las que son importantes para ti, por ejemplo si eres un lector asiduo, ir a una librería, si ibas a conciertos, quizá buscar un audiorama al aire libre donde puedas sentarte a escuchar música durante un rato.
  4. Enseña con el ejemplo: así como de un día para otro tuviste que enseñarles a tus hijos que necesitaban permanecer en casa, ahora ellos aprenderán, al verte, que salir puede ser una actividad segura siempre y cuando sigan los protocolos sanitarios necesarios para evitar contagios.
  5. Socializa en vivo: puedes empezar a ver a un amigo o familiar en la calle una vez a la semana en algún lugar cómodo para ambos. Si durante tu camino te encuentras con tus vecinos puedes tomarte unos minutos para saludarlos y saber como están. Realiza la misma actividad con tus hijos, ayúdalos a que poco a poco puedan rencontrarse con sus pares.            
  6. Aplica la empatía y la prudencia: por extraño que parezcaal reencontrarnos con nuestras amigos y familiares es probable que los veamos diferentes, no sólo físicamente sino en su forma de ser, pensar y actuar. Recuerda que esta pandemia nos tocó y nos dejó huellas a todos de manera diferente, de ahí que cada uno necesitamos nuestro tiempo para procesar la experiencia que vivimos. A tus hijos les va a pasar lo mismo, ayúdalos a comprender que cada uno nos reconstruimos diferente y ahora nos toca reconocernos. Por supuesto la prudencia viene de la mano, aléjate de las personas que no están siendo cuidadosas de sí mismas, por ejemplo las que no quieren usar el cubre bocas. Sabemos que es su decisión pero la tuya es cuidarte y cuidar a los tuyos.
  7. Procura ser amable: quizá lo tuyo, lo tuyo no es ser cariñosa, sin embargo todos necesitamos amor y apapacho. En tus reencuentros procura resaltar las cosas positivas que observas en el otro, no sólo lo ayudarás a sentirse mejor también podrás alimentar tu espíritu al darle el regalo de tu mirada.

Es importante que pongas atención si sientes que tus miedos te paralizan y te impiden reincorporarte al mundo, si este es tu caso o el de tus hijos, no dudes en buscar ayuda, recuerda que en Mentalizarte estamos listos para asesorarte.

Si tienes alguna inquietud, ponte en contacto con Clara Sánchez, comunicóloga, psicoanalista y responsable de la columna que hoy llega hasta ti. Puedes contactarla directamente a su correo csanchez28@gmail.com o dejar tu pregunta en los comentarios.

Referencias:

1 Abrahams, J (s/f) The Conversation. Academic rigor, journalistic flair ¿Afecta el aislamiento a nuestro cerebro? Recuperado el 1 de julio de https://theconversation.com/afecta-el-aislamiento-a-nuestro-cerebro-136027

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