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Por Lic. José Pastorman-597178_1920

El diccionario de la DRAE (Española, 2016) define lo  masculino como: “que posee características atribuidas al varón”, y que es el resultado, visible en lo social, de un comportamiento con tintes de violencia que ha permanecido sin cambios dentro de la vida de las sociedades a lo largo del tiempo. Robert Conell  (Connell, 2003) habla del ideal de la “masculinidad” donde enfatiza la dominación sobre las mujeres, la competencia entre los hombres, el exhibir su agresividad y una sexualidad desbordada,  en concordancia a la idea de Matthew Gutmann (Gutmann, 2016) quien nos habla de los cuatro enfoques referentes a lo “masculino” que le dan cierta identidad, tales como: todo lo que dicen y piensan,  lo que se refiere a la “hombría” para alcanzar, el tercer punto toca el tema de la “virilidad” en el cual hay diferentes grados de masculinidad, y por último, el de los “roles” y el papel de lo que se espera del género femenino en lo social.

Específicamente en el caso de México, existen ciertas particularidades del machismo las cuales son constantes y persistentes, como se ha mencionado anteriormente, evidencia una idea severamente arraigada de sobrevaloración de lo masculino, donde es notorio el  tipo de comportamiento y de pensamiento en el que se degrada a la mujer, no obstante y a raíz de los movimientos feministas, se ha cuestionado ese comportamiento de falsa supremacía de unos años hasta la actualidad.

En el México del llamado Cine de Oro, ese que se solía ver en las películas en blanco y negro, con ídolos como Pedro Infante o Jorge Negrete, donde muestran una actitud de “hombría” era visto como algo normal que las parejas de estos personajes estuvieran en una actitud sumisa, pedir permiso para realizar alguna actividad o incluso para hablar era algo normal, sin que se percatara el espectador de un pequeño detalle, que las vidas de ellas sólo les pertenecían a ellas mismas. Actitudes que por supuesto, han continuado de generación en generación hasta hoy en día. Cabe la pena señalar que hay quienes consideran que no son machistas, sin embargo, la actitud que muestran ante las mujeres a su alrededor podría ser debatible. Empero y a pesar de los esfuerzos de una gran cantidad de personas bienintencionadas, principalmente de Mujeres, para resaltar el importante papel que el género Femenino juega y es partícipe, no como parte de una vida llena de sumisión a la figura patriarcal, sino en un cambio de paradigma que las llene de poder a todas ellas, los esfuerzos que han hecho para ser tomadas en cuenta, nos habla de que padecen, en singular o en colectivo, una andanada de descalificaciones, lo que nos lleva a realizar la pregunta que da nombre al presente artículo, ¿existen en realidad nuevas formas de manifestación y experiencias de lo Masculino?

Un comentario interesante que hace Marina Castañeda en El Machismo Invisible Regresa (Castañeda, 2007) es el que se refiere a que “el machismo no es un atributo individual en algunos hombres, sino una forma de relacionarse que implica y afecta a todo mundo”. Todos y cada una de las personas y no solo las mujeres como podría pensarse, se ven envueltas en el machismo como algo natural, sin embargo, a lo largo del tiempo, se ha evidenciado una y otra vez, que la violencia ejercida por la persona machista, la dirige también a los mismos hombres, mostrando actitudes agresivas tales como: la de no revelar el dolor de los sentimientos o el dolor físico ante los demás, la de manifestar que se está por encima de los otros, la actitud de que nunca tiene frío (pese a que sea evidente la piel de gallina), la de comer proporciones desmedidas de picante para verse “muy hombre”, la de que es valiente, temerario y no le tiene miedo a nada ni a nadie (pues él no se raja), la de que gusta de retos absurdos atentando incluso, contra su propia integridad en aras de exhibir lo que es capaz de hacer. Todos estos ejemplos dirigidos a amedrentar principalmente a otros hombres. Incluso, podemos apreciar también como parte de esa masculinidad endeble, a quienes creen a toda costa, que hombres y mujeres son polos opuestos, propiciando así la rivalidad entre ambos sexos. También, se puede hacer una breve revisión en las redes sociales para ejemplificar el papel que incesantemente le otorgan a las mujeres y cómo ha surgido en los últimos años un fenómeno que es ensalzado en varias páginas de la red social Facebook, el del llamado “macho alfa”, ese que se autoproclama como líder supremo e inigualable, aquel al que aspiran todos los demás hombres a su alrededor y que siente una especie de desprecio por los hombres no sobresalientes, y que al mismo tiempo, trata como un objeto a la mujer. Por consiguiente, se puede afirmar que esa “masculinidad” sigue presente, está muy viva, a pesar de los avances en tecnología; la mentalidad de un alto porcentaje de hombres parece no tener idea de lo que es adoptar una nueva forma de conceptualizar el papel de los hombres, es decir, el de las llamadas, nuevas masculinidades.

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Los datos que muestra la Estadística a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer (Mitofsky, 2016) subraya que “En 2011, 63 de cada 100 mujeres de 15 años y más declaró haber padecido algún incidente de violencia, ya sea por parte de su pareja o de cualquier otra u otras personas. Las mujeres más expuestas a la violencia de cualquier agresor son las de 30 a 39 años: 68% ha enfrentado al menos un episodio de violencia o abuso. Chihuahua registra 80% y el Estado de México el 78 por ciento”. El panorama es un tanto desalentador, pues destaca las agresiones en contra de las mujeres, ya que dentro de la misma encuesta, nos muestran cifras de los ataques sexuales en su contra, como por ejemplo: que “32% de mujeres han padecido violencia sexual por parte de agresores: actos de intimidación, acoso o abuso sexual”. (Mitofsky, 2016), y que “en 2013, las tasas de defunciones por homicidio de mujeres más altas se ubican entre 13 y 6 defunciones por cada 100 mil mujeres en los estados de Guerrero, Chihuahua, Coahuila, Zacatecas, Morelos y Durango” (Mitofsky, 2016). Es entonces, cuando nos pega en la cara la realidad dado que los números no son estimulantes.

Por lo anterior, realizar un cambio de paradigma en las personas desde pequeñas, es un paso importante, cuando hablamos de equidad, y no de una especie de revancha femenina. Haciendo una revisión de labores tan cotidianas, que sólo estaban “destinadas” a las mujeres, tales como la de ser secretaria, enfermera, trabajadora social, psicóloga, maestra, etc., muestran nuevas actitudes, donde los hombres, incursionan en áreas que eran “por tradición” para las mujeres. Empero, no es el único cambio que se viene suscitando, pues es bien sabido que a la inversa, el papel de las mujeres muestra un rostro donde el empoderamiento de ellas las coloca verdaderamente fortalecidas, frente a esa fragilidad de muchos hombres que sienten herida su débil hombría, y que lo único que les queda es agredir, ya no por medio de los golpes, sino mostrando el desprecio por ellas con comentarios de burla, con albures o con sarcasmo, por citar algunos ejemplos, y que tal como lo señala Nathaniel Branden (Branden, 2008) quien menciona que un hombre cuyo creencia de “poder” se establece en un nivel de “dominación sexual” es alguien a quien le asustan las mujeres y quien, sin duda, posee una baja autoestima.

Lo curioso del asunto es que pretenden hacer hasta lo imposible para desprestigiar el empoderamiento de ellas de diversas formas. Aquí, lo que ha llamado la atención es que sí existen hombres, quienes han decidido cuestionar esa forma de masculinidad, y deciden cambiar esa estructura de pensamiento, contribuyendo en las labores domésticas y no sólo ayudando a la pareja con ciertas tareas, en el que, por supuesto, era considerado un papel netamente femenino. Señalo puntualmente, que hay hombres que creen fervientemente, que las mujeres traen una especie de chip electrónico insertado en la cabeza, donde están “implantadas” todas las tareas domésticas que “deben” hacer durante toda su vida. Afortunadamente, hay hombres que procuran erradicar ese tipo de razonamiento, como por ejemplo, buscando un mejor acercamiento con sus seres queridos a través de las muestras de cariño, como los besos, abrazos y apapachos. Hombres que no le temen al ridículo por decir a sus amigos que los quieren. Hombres que participan en las labores domésticas, sin necesidad de esperar a que una mujer haga todo por él. Hombres que se atreven a desafiar ese modelo obsoleto de masculinidad donde no es válido y es causa de burla el sentirse débil, vulnerable, sentimental, que llora y que pide ayuda cuando su mundo se desmorona. Hombres que cada vez retrasan más el vivir en pareja para ir en pos de su proyecto de vida personal. Hombres que se niegan a aceptar el mandato social de engendrar, porque de no hacerlo, su orientación sexual estará en duda.

El camino hasta el día de hoy no ha sido fácil, dado que adquirir este tipo de comportamiento, este nuevo pensamiento, es a su vez, cuestionar todo lo que se ha aprendido durante décadas. La estructura patriarcal ha dado resultados que ponen en desventaja a las mujeres y obviamente, no hay  equidad. No es sano ni conveniente continuar minimizando o ridiculizando los esfuerzos por erradicar el inadmisible machismo que ha dañado a la sociedad, en especial a las mujeres.

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En la actualidad, existen agrupaciones que están trabajando en cuestionar y replantear el rol de los hombres. Voces críticas que se rebelan ante la idea de seguir propagando la inequidad y que impulsan a las personas a convivir en un marco de justicia, responsabilidad y respeto, así como a modificar su sistema de creencias. El reto está en poder difundir por todos los rincones de México que somos iguales, con los mismos derechos y obligaciones, que no existe una superioridad de nadie y que sencillamente, nos complementamos en un país pluriétnico y multicultural.

Por lo tanto, como sociedad y como individuos ¿qué estamos haciendo para tener una sociedad más incluyente y equitativa?

 

Referencias:

Branden, N. (2008). Los seis pilares de la autoestima. Ciudad de México: Paidós.

Castañeda, M. (2007). El machismo invisible regresa. Ciudad de México: Santillana Ediciones Generales S.A. de C.V.

Connell, R. W. (2003). Masculinidades. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Española, R. A. (20 de 09 de 2016). masculinidad. Obtenido de Diccionario de la lengua española: http://dle.rae.es/?id=OWso9PJ

Gutmann, M. (20 de 09 de 2016). Tercera Parte Masculinidades. Obtenido de B DigitalUnal: http://www.bdigital.unal.edu.co/1236/5/04CAPI03.pdf

Mitofsky, C. (20 de 09 de 2016). “ESTADÍSTICAS A PROPÓSITO DEL…DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER (25 DE NOVIEMBRE)”. Obtenido de Consulta.mx: http://consulta.mx/index.php/estudios-e-investigaciones/otros-estudios/item/742-estadisticas-a-proposito-del-dia-internacional-de-la-eliminacion-de-la-violencia-contra-la-mujer-25-de-noviembre

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