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La intuición, algunas personas la identifican como esa voz sabia en nuestro interior, otras personas la asemejan como una voz creadora que nos afianza y nos hace generar motivaciones trascendentes; la percibimos en nuestra infancia y hasta en la adolescencia, pero en la adultez muchas personas ya no la distinguen y eso las trae a terapia.

La pérdida de la intuición, o mejor dicho bajarle el volumen a la voz de la intuición, tiene muchas explicaciones. En el consultorio he escuchado los distintos momentos en que “mutear” a la intuición parecía la forma más sensata de seguir adelante, por ejemplo, cuando mi padre me vio a los ojos y me dijo que dejara de soñar y que pusiera los pies en la tierra, cuando mi maestra me rompió mi dibujo porque no era lo que me había pedido, cuando personas que no conocía me vieron con desprecio porque le dije a alguien que lo que estaba haciendo estaba bonito, cuando mi madre, abrumada por su día a día, me dijo que tenía que crecer de una vez para que pudiera hacerme cargo de mis hermanas.

Silenciamos la voz de la intuición para poder sobrellevar la realidad. Es un proceso adaptativo, de alguna manera llegamos a pensar que es importante obedecer a esos adultos para que no corramos peligros innecesarios.

Con el pasar de los días, la autenticidad y la intuición quedan tapadas hasta para nosotros mismos.

Este proceso adaptativo puede generar distintas consecuencias, la más común es la necesidad de complacer a los demás. Si lo pensamos es algo evidente pues todo empieza por no querer generar más problemas en el mundo adulto y lo que hacemos es poner las obligaciones y las responsabilidades por encima de todo.

La intuición nunca muere.

La intuición se manifiesta por corazonadas que son activadas por frases, pensamientos, imágenes, una sincronía o un simple cosquilleo. Sin embargo, cuando por mucho tiempo la hemos silenciado requerimos empezar a subirle el volumen de a poco.

Sabemos por el aporte de las neurociencias, que las personas más curiosas y creativas son quienes más escuchan su intuición y aunque aun no se sabe cómo opera con exactitud, la ciencia -durante la década de los ochenta y noventa-, lo explicaba como una característica del hemisferio derecho.

Valerie Janesick, en su artículo “Intuition and creativity” publicado en el 2001, refiere que la intuición es una respuesta que deviene de la mente inconsciente, dicha respuesta puede ser sometida al discernimiento lógico, pero tendrá más valor si es considerada como un acercamiento sucesivo a una situación o problema a examinar y para el que se llega a una respuesta de manera súbita. Dicha teoría junto con otras, ha dado paso a pensar que la intuición puede ser ideas latentes en el subconsciente las cuales pueden ser “liberadas” para la clarificación de ideas o para generar inspiración para alguna labor. Lo que nos interesa aquí es hacer evidente que, ya sea una acción del hemisferio derecho o una manifestación de la mente inconsciente, la intuición no puede perecer.

Si estamos de acuerdo que la intuición es una percepción clara y directa de la realidad en la cual no interviene el intelecto – tal y como la describe Osho (2007) en su libro “intuición”-, y que para Carl G. Jung -como lo refiere Vanessa Mielczareck (2008)-, la intuición es una de las cuatro funciones que necesitamos las personas para comprender la realidad, junto con el pensamiento, el sentimiento y la sensación, es fácil entender la importancia que tiene ponerla en su adecuada dimensión.

¿Cómo potencializarla?

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Tenemos para ti estas sugerencias que te ayudaran a irla escuchando cada vez más.

  • Explora tu lado creativo

La Creatividad y la intuición van de la mano. De hecho, ambas son fruto de una interacción que hace difícil definirla sin entrar en prejuicios o criterios de valor y ambas requieren de las mismas etapas para poder materializarse, estamos hablando de la incubación y la iluminación.

Existen algunas técnicas como la pintura intuitiva o el garabateo que pueden funcionar para no darle más protagonismo a la razón o a la lógica.

  • Medita

La practica de la meditación nos ayuda a percibirnos a nosotros mismos, esto nos ayuda a generar habilidades de reconocimiento de sensaciones, percepciones y limitaciones propias de nuestra cotidianidad.

Esta autopercepción es muy útil ya que genera incluso un método muy similar al del proceso creativo donde existe una concentración, una concentración mantenida, la contemplación y la iluminación (Bailey, A. 2006, p.73) mientras que el proceso creativo requiere de una preparación, una concentración, incubación y la iluminación.

  • Trabaja en tu flexibilidad cognitiva

La flexibilidad cognitiva es una capacidad adquirida a muy temprana edad. Las personas que tienen a ser lo opuesto (rigidez cognitiva) suelen tener deficiencias a nivel atencional, tanto en la discriminación como en la sostenibilidad.

La flexibilidad cognitiva nos ayuda a adaptar lo que ya sabemos a situaciones novedosas, generando nuevas actitudes y pensamientos.

Esta habilidad nos ayuda a ver diferentes perspectivas ante imprevistos. Preguntarte de qué otra forma puedes solucionar el problema frente a ti, encontrarle algo positivo al inconveniente y no solo quedarte con lo negativo hace que no generes absolutos de lo que debería y no ser.

Recuerda que la intuición nos ayuda a afianzar nuestras decisiones y a sentirnos conectados con algo de orden superior anímate a rescatarla.

Hasta el próximo leencuentro.

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