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¿Es cierto que a pesar de tomar terapias o recibir ayuda neurológica nunca va a cambiar?

Gracias por escribirnos, por supuesto mantendremos tu anonimato.

Debido a la relevancia de la pregunta, la responderemos en dos partes, en esta primera hablaremos del círculo de la violencia

En realidad, resulta difícil opinar, sin conocer la historia de tu pareja, si puede o no cambiar, sin embargo, los estudios demuestran que solo muy pocos lo consiguen, mira:

“El tratamiento psicológico resulta un instrumento útil solo en aquellos casos en los que el agresor es consciente de su problema, asume su responsabilidad en los episodios de violencia y se muestra motivado para modificar su comportamiento agresivo. Solo con un enfoque amplio, en donde se integren medidas judiciales, sociales y psicológicas o médicas, se puede hacer frente de forma eficaz a la violencia contra la pareja. Los tratamientos psicológicos de hombres violentos en el hogar ofrecen unos resultados aceptables cuando los sujetos concluyen el programa propuesto, si bien el nivel de rechazos y abandonos prematuros es todavía alto” (Echeburúa, Fernández-Montalvo, y Amor, 2006; Lila, Oliver, Galiana, y Gracia, 2013). *1

Frente a esta realidad, lo importante es considerar que tomes conciencia de lo peligroso que resulta vivir con un hombre golpeador y porque resulta tan difícil dejarlo. De pronto pareciera obvio que, ante la agresión, la víctima busque ponerse a salvo, lo cierto es que, en muchos casos, más de los que quisiéramos, no sucede así y se debe a la existencia de un patrón cuya repetición le permite perpetuarse.  La investigadora estadounidense Leonore Walker lo describió en 1979, a partir de sus investigaciones en refugios de mujeres golpeadas, como el círculo de la violencia y consta de tres fases:

  1. Tensión: como su nombre lo dice poco a poco los roces o la tensión entre la pareja comienzan a ser más intensos, empieza a haber violencia verbal que normalmente las mujeres justifican ya sea aludiendo al mal carácter de su pareja o pensando que ellas tienen la culpa, por lo que buscan calmarlo y complacerlo pensando que de esta forma podrán evitar un desacuerdo mayor.
  2. Agresión: la tensión alcanza su punto más álgido y se hace presente a través de la violencia psicológica, física, emocional y/o sexual. Debido a la angustia que experimenta, la mujer puede buscar algún familiar, amigo o incluso a un especialista que la ayude. En algunos casos levanta una denuncian ante las autoridades.
  3. Conciliación: se le conoce también como luna de miel y se refiere al momento en que el agresor se arrepiente, pide perdón, promete que no volverá a suceder. Argumenta que explotó por otras cosas pero que adora a su mujer, que no podría vivir sin ella. Puede incluso pedirle que lo ayude a cambiar y, muy sutilmente, la hace corresponsable de su violencia con frases como: “es que me haces enojar”, “me provocas”, “te amo tanto que enloquezco.” La mujer le cree, lo perdona, se reconcilian, desiste de la demanda o de salirse de casa y al poco tiempo la historia vuelve a repetirse, solo que cada nuevo episodio es más intenso y las heridas son más profundas.

Aunque no lo parezca, el círculo sí se puede romper, el primer paso es tomar conciencia de él. ¿Recuerdas cuantas veces has pasado?  Quizá ya olvidaste como fue la primera vez, esto se debe en gran medida a que aprendemos a justificar las “micro violencias” tal vez piensas que es normal que tu pareja te grite, insulte o maltrate porque tuvo un mal día y lo dejaste pasar. Así, casi sin darte cuenta, lo que comenzó con un empujón acabó con un ojo morado.

Dicho de esa forma suena muy simplista, en realidad es un proceso muy complejo porque el arma principal del agresor es atacar la autoestima de su pareja, devaluar lo que hace, descalificar sus ideas, sus decisiones, sus conductas y alejarla de sus redes de apoyo como familiares o amigos. Esta agresión psicológica permite que poco a poco pienses que, de alguna manera eres responsable de su enojo “porque no previste lo suficiente”, “por que dijiste algo que no debías”, “por que se te hizo tarde”, “por que él vive muy estresado y entonces tu debes ser más comprensiva.” La lista de reproches, excusas y justificaciones es interminable. Y justo cuando esto sucede él se hace más fuerte y tu más frágil.

La luna de miel como su nombre lo sugiere, suele ser muy intensa, flores, cena, regalos, viajes, relaciones sexuales apasionadas. Luego vienen los argumentos sobre lo mucho que él ha sufrido en la vida, con los cuales te enganchas y se gana tu compasión. Le siguen los discursos románticos, palabras dulces y poéticas buscando el perdón, llora, promete, y hace juramentos que desafortunadamente no se cumplirán. Sin importar lo que diga, como lo diga, enfrente de quien lo diga, por quien lo prometa o a quien se lo jure.

En la siguiente parte abordaremos: Quedarte con el agresor, es una bomba de tiempo


Esta columna es presentada por Clara Sánchez, comunicóloga y psicoanalista.

Queremos acompañarte. Envíanos tus consultas o preguntas, puedes utilizar un pseudónimo o escribirlas de manera anónima. Les daremos respuesta en las siguientes entregas. Escríbelas en nuestra sección de comentarios o envíaselas a la autora directamente a csanchez28@gmail.com.

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