¿Cómo enfrentar el duelo desautorizado en Navidad?

Hola me llamo Cristian, soy homosexual, este año enviude. Mi pareja y yo teníamos 5 años viviendo juntos. Decidimos adoptar un niño 8 meses antes de que él falleciera. El reto de ser pareja y padres fue muy intenso. Fede, mi pareja, estaba muy contento pero yo tenía mucha carga. Él trabaja la mayor parte del tiempo fuera de casa. Yo hago home office y, además, cuido del pequeño. Aunque los papás de mi pareja sabían que él era gay, solo su mamá tenía conocimiento de que vivíamos juntos y de que adoptamos. Venía a visitarnos de vez en cuando sin que su esposo se enterara y nunca le dijo a nuestro pequeño que era su abuela. El  día que Fede murió yo tuve que aparecer en el velorio, por petición de su mamá, como el buen amigo y romie de su hijo. El niño no fue. Supo que su papá murió en un accidente, tal y como sucedió. Esta es la primera Navidad que voy a pasar sin Fede y con el pequeño. Mi mamá nos está invitando a pasarla con ella pero no quiero ir. Desde que Fede murió insiste en decir que es lo mejor que nos pudo pasar, porque para su nieto va a ser más fácil ser el hijo de un padre soltero que el de una pareja gay. La verdad quisiera no hacer nada pero entiendo que el niño no tiene la culpa así es que haré un esfuerzo para que pase una noche memorable.  Me siento triste y excluido. Es más, creo, que en vez de ilusionarme, la Navidad me está doliendo. ¿Qué me aconsejan?

Hola Cristian, gracias por compartirnos la situación que estás atravesando. Entendemos que es un proceso muy doloroso y más aún porque tu círculo más cercano, en este caso tu mamá, te está dejando de lado. El mes pasado hablamos en nuestra columna sobre los duelos desautorizados, entre ellos mencionamos el que se refiere a las relaciones no reconocidas como aquellas que se mantienen en secreto, con parejas “no oficiales” o vínculos con alguien que la familia y/o el entorno desaprueba.

Como explicamos anteriormente, los duelos desautorizados son aquellos, según  Kenneth Doka (1989), profesor emérito de Gerontología y miembro de la facultad en la Graduate School de The College of New Rochelle, que “no encajan” en los marcos culturales del dolor permitido, razón por la que se cuestiona el derecho a llorar o expresar el sufrimiento.

Foto generada por Chat GPT

El estigma en este tipo de duelos hace que el afectado tenga una sensación doblemente dolorosa, por la persona que pierde y por su “derecho” a sentir. El duelo es un proceso que se enfrenta no solo ante la muerte, sino frente a las pérdidas. En tu caso se suman varias: la de tu pareja, la del padre de tu hijo, la desestructura de tu familia y el derecho a recibir la empatía de tus familiares.

La invalidación en el duelo desautorizado.

El tiempo esperado de un proceso de duelo es aproximadamente de 2 años, pero cuando surgen dificultades extraordinarias, puede congelarse. La censura familiar o social provocan que el doliente se sienta abandonado, que reprima sus sentimientos e incluso que experimente vergüenza. Todas estás emociones encapsulan el duelo, haciéndolo más largo y doloroso.

En tu caso la situación aún es más compleja por el silencio que te impuso la mamá de Fede, la exclusión a la que tuviste que someter a tu hijo y la invalidación que ha hecho tu mamá no solo de tu relación sino de tu orientación sexual.

Desconocemos si posees alguna red de apoyo de amigos que te hayan acompañado en el duelo, de ser así, es crucial que tu y tu hijo se acerquen a ellos para que encuentren un lugar donde la tristeza pueda fluir sin ser juzgada.

Entendemos la necesidad de priorizar a tu hijo, sobre todo porque es pequeño. Solo cuida que, en el afán de evitar que la sociedad lastime la memoria de Fede o la relación que tenían, te olvides de ti y de tus emociones para proteger a tu hijo.

El duelo y la primera Navidad.

Durante el primer año del duelo el doliente comienza a experimentar la ausencia en las fechas importantes, como aniversarios, cumpleaños y, por supuesto, Navidad. Quizá incluso ésta es una de las fechas más complejas porque mientras el mundo sonríe, canta y se apresura a comprar regalos, los dolientes se sienten incomprendidos: la alegría duele, los cantos pueden sentirse como limón en la herida y los regalos absolutamente banales e insulsos.

Si bien cada persona la experimenta de una forma diferente, cuando hay un niño de por medio es importante generar una pequeña dinámica que les permita enfrentar juntos el dolor y al mismo tiempo ir estableciendo los nuevos rituales que formarán parte de su vida a partir de hoy. Te sugerimos:

1. Recozcan su derecho a sentir: su casa es el universo que construyeron tu y Fede para su familia, recuérdale eso a tu hijo. Hablen de él, lloren, revivan anécdotas chistosas, vean fotos, en pocas palabras permítanse compartir el dolor de la ausencia.

2. Creen un pequeño ritual privado: pueden readaptar alguno que ya tenían juntos o crear uno nuevo. Algunos, ese primer año conservan en la mesa durante la noche de Navidad, el lugar del difunto como si esperaran su llegada. Para otros esta actividad puede ser muy dolorosa. Otra opción es colocar una foto de los tres, escribirle una carta, escuchar su canción favorita o preparar algún platillo que particularmente le gustara a Fede.

3. Protéjanse: en teoría la familia es la encargada de acompañarnos en este camino pero cuando su compañía es imprudente, agrede, incomoda o juzga, es recomendable poner distancia para evitar fricciones. Es mejor que pases estás fechas tu y tu hijo solos a querer encajar en un espacio que en éste momento resulta irrespetuoso.

4. Déjense querer: si por el contrario hay un amigo o grupo de amigos con quienes ustedes se sientan cómodos, dense la oportunidad de que los acompañen y apapachen.

5. Cuídense y procúrense: es muy importante que, pese a las fechas, respeten sus horarios de sueño, la calidad de los alimentos que consumen y el estrés al que se someten. Reserven un espacio íntimo solo para compartir entre ustedes.

El duelo es, naturalmente, una montaña rusa emocional. Procura ser lo más compasivo y paciente que puedas. Pide apoyo para que cuiden a tu hijo y tengas pequeños espacios solo para ti. Recuerda, nadie tiene derecho a juzgar o intentar reprimir tus emociones ni las de tu hijo. No es fácil, cada día es una pequeña travesía con sus encrucijadas y aprendizajes. No estás solo, en Mentalizarte estamos preparados para acompañarte, ¡Consúltanos!

Esta columna llega a ti gracias a la colaboración de Clara Sánchez, comunicóloga y psicoanalista. Puedes enviar tus consultas o preguntas con tu nombre, utilizando un pseudónimo o escribiéndote de manera anónima ya sea en nuestra sección de comentarios o vía correo electrónico a csanchez28@gmail.com. Les daremos respuesta en las siguientes entregas.

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