Según la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), un trastorno mental es una alteración significativa en los pensamientos, la regulación de las emociones o el comportamiento de una persona. Estas alteraciones suelen estar asociadas con un elevado malestar y dificultan la capacidad de funcionar de manera óptima en una o más áreas de la vida diaria. Los trastornos mentales son diversos y abarcan desde afecciones leves hasta cuadros graves que interfieren profundamente en el bienestar y el desempeño diario.
Cada trastorno mental posee características propias, conocidas como síntomas, que varían en gravedad, duración y tipo. Por ello, la identificación y el diagnóstico son procesos complejos que deben tener en cuenta factores biológicos, psicológicos y sociales. Debido a la naturaleza multifactorial de estos trastornos, es fundamental contar con un diagnóstico adecuado realizado por un profesional capacitado.
El peligro del autodiagnóstico
Es natural que, al enfrentar problemas emocionales o psicológicos, busquemos respuestas rápidas que nos den una sensación de control o certeza en diversos medios como las redes sociales o entre conocidos. Sin embargo, el autodiagnóstico en salud mental conlleva riesgos significativos que pueden empeorar la situación. En la era digital, el acceso a información médica literalmente está a un clic de distancia y esto no siempre es una ventaja. Gass, M.A (2016) detalló que la información en línea a menudo está desactualizada o incompleta, lo que lleva a una interpretación errónea de los síntomas[1]. Esto se debe a la limitada comprensión de los usuarios sobre el contexto clínico, que es fundamental para un diagnóstico adecuado.
La información en redes sociales o sitios web suele estar incompleta, desactualizada o, en algunos casos, errónea, lo que nos lleva a interpretaciones simplificadas de síntomas complejos.
Confundir estados emocionales pasajeros, como la tristeza o el estrés, con trastornos mentales serios es común cuando intentamos autodiagnosticarnos. Esto no solo banaliza cuadros clínicos graves como la depresión, la esquizofrenia o el trastorno bipolar, sino que también puede crear un uso indebido de términos clínicos, restando importancia a las verdaderas afecciones. Esta práctica puede hacer que las personas subestimen la gravedad de un problema o, por el contrario, sobrevaloren síntomas que en realidad no están relacionados con una patología mental.
El sesgo personal en la interpretación de los síntomas
Otra complicación del autodiagnóstico es que nuestras percepciones sobre nosotros mismos están influenciadas por nuestras emociones. El estado emocional del momento puede distorsionar nuestra evaluación de los síntomas, llevándonos a pensar que una situación común es, de hecho, patológica. Además, algunos síntomas que se perciben como psicológicos pueden tener causas físicas subyacentes que pasamos por alto, como deficiencias hormonales o problemas neurológicos. Esto puede retrasar el tratamiento adecuado de una afección orgánica (Kaplan & Sadock, 2019).
Consecuencias del autodiagnóstico incorrecto
El impacto del autodiagnóstico no se limita a la salud mental, sino que también afecta la autoestima y el autoconcepto de quienes se autoetiquetan con un diagnóstico. Atribuirse un trastorno mental sin confirmación profesional puede generar un estigma interno, haciéndonos creer que somos incapaces de manejar ciertas situaciones, lo que deteriora nuestra confianza y bienestar general. Farrer et al. (2013) encontraron que el uso de herramientas de autodiagnóstico en línea aumenta significativamente la ansiedad, al fomentar una preocupación constante sobre los síntomas percibidos.
Además, intentar tratar un diagnóstico erróneo con soluciones ineficaces puede empeorar el malestar. Muchas personas, por miedo o confusión, recurren a tratamientos inapropiados que pueden ser ineficaces o incluso peligrosos, lo que retrasa la intervención de un profesional cualificado. Esta espera puede aumentar la ansiedad, ya que la preocupación constante por los síntomas percibidos crea un ciclo de retroalimentación negativa que intensifica el malestar, como lo demuestra el estudio de Farrer et al. (2013)[2].
La importancia de un diagnóstico profesional
El ser humano es una entidad compleja y su salud mental no es la excepción. Los trastornos mentales surgen de una interacción intrincada entre factores biológicos, psicológicos y sociales, y cada persona los experimenta de manera única. Por esta razón, es esencial que el diagnóstico sea realizado por profesionales de la salud mental, como psicólogos o psiquiatras, quienes poseen la formación necesaria para evaluar todos los aspectos del individuo.
El proceso de diagnóstico implica más que simplemente asignar una etiqueta. Los profesionales utilizan entrevistas, pruebas psicométricas, observaciones clínicas y manuales diagnósticos para realizar una evaluación exhaustiva de cada caso. Este enfoque integral permite comprender mejor la situación y las necesidades del paciente, lo que da lugar a un plan de tratamiento personalizado y basado en evidencia científica.
Además, los profesionales de la salud mental no solo ofrecen un diagnóstico, sino que también brindan apoyo emocional a lo largo del proceso. Esto es crucial para acompañar al paciente en el camino hacia la recuperación y el bienestar, proporcionando intervenciones ajustadas a cada situación particular.
[1] Gass, M. A. (2016). Risks and Benefits of Self-Diagnosis Using the Internet. Disponible en: Salem State University Repository.
[2] https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/23711740/
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