
Para Marion Milner, el no dominar algo no es un fracaso, sino un umbral creativo. Allí donde el control consciente se agota y la técnica no alcanza, se abre la posibilidad de que emerja algo nuevo, inesperado y profundamente revelador. Este es el núcleo de On Not Being Able to Paint (1950), donde la psicoanalista británica narra cómo sus intentos frustrados de aprender a pintar se transformaron en una vía para el autodescubrimiento. El libro consta de los dibujos que surgieron de su proyecto y sus comentarios sobre ellos.
Resulta que sus malos dibujos fueron más reveladores que los buenos; lo valioso no está en que fueran los dibujos técnicamente correctos, sino aquellos que parecían “malos” torpes, imprecisos, rebeldes. En esas formas desordenadas encontró la huella de su mundo interno, la expresión visual de emociones y tensiones que no habían encontrado aún palabras. Al buscar estas pequeñas revelaciones, se libera por completo de los hábitos de precisión, pasando de la imitación minuciosa del mundo que la rodea a la práctica del dibujo y el garabato rápidos. Milner descubrió así que el arte puede ser un espejo distorsionado que, justamente en su distorsión, nos permite ver lo que está oculto.
En la terapia de arte, este planteamiento resulta fundamental. El proceso creativo, al igual que en la experiencia de Milner, atraviesa fases que no siempre son cómodas: una primera de regresión, en la que la persona se abre a estados más primitivos y vulnerables; una segunda de caos, donde lo que emerge carece de orden y puede generar desconcierto; y finalmente una de reorganización, en la que los fragmentos encuentran un sentido nuevo. Estas fases son análogas a los procesos de duelo, de crisis vital o de transformación personal: implican soltar, atravesar la incertidumbre y permitir que surja un orden diferente; crear una nueva vida.
Milner nos recuerda que “no poder” dibujar, moldear una figura es, en realidad, un acceso directo al conocimiento implícito de la psique, a lo que Christopher Bollas llamó “lo conocido impensado” es decir, esos contenidos internos que forman parte de nosotros pero que aún no se han hecho conscientes.” Allí, el trazo libre, el garabato y la línea espontánea abren la puerta a un diálogo con lo inconsciente que difícilmente podría alcanzarse por la vía racional. Aunque muchas veces, este dejar ser a la creación espontánea viene acompañado de un leve miedo que la propia autora señala como parte de la propia experiencia encarnada: de su lugar en el mundo y de la relación activa del mundo con ella donde se llega a percibir los contornos de su vida de forma muy similar a como percibe los contornos de los objetos que dibuja: como si se fusionaran continuamente. Declara, por ejemplo: «Noté que el esfuerzo necesario para ver los bordes de los objetos tal como realmente se ven despertaba un temor tenue, un temor a lo que podría suceder si uno se desprendiera del apego mental al contorno que mantenía todo separado y en su lugar…».
La autora plantea una distinción de vital importancia para todos aquellos que nos hemos visto rebasados por las ideas de perfección y nos ha paralizado la hoja en blanco: la distinción entre dos tipos de incapacidad. Una conduce a la creatividad, como cuando no poder hacer algo (como dibujar, aunque también puede ser cocinar, tocar música o cantar) abre nuevas vías de descubrimiento. Pero también existe la incapacidad que surge de la intimidación, del vaciamiento de la creatividad que encontramos en los métodos educativos que solo exigen obediencia. En este sentido, el aporte de Milner trasciende la pintura, los soportes y los materiales: nos enseña que el aprendizaje profundo y la creatividad surgen de la incapacidad fértil, de ese momento en que dejamos de sostener el mundo rígidamente en su lugar y nos permitimos experimentar su fluidez.
Además, nos coloca en una pregunta tangencial ¿Qué significa aprender a ver el mundo por uno mismo? Y sin más que los garabatos y técnicas tan identitarias de la terapia de arte y la arteterapia, puntualiza que el camino del autodescubrimiento no tiene atajos ni caminos definidos. Como lo atestigua este libro, sus páginas se centran en sus propias reflexiones sobre estos garabatos que se resuelven en sentimientos y compromisos que aún no había formulado -al menos de forma consciente-, hasta que aparecieron sobre la hoja, incluso aquellos tan incómodos como la vergüenza y la frustración. Por ello es una de nuestras Recomendaciones que inspiran.
Para la arteterapia, esto significa crear un espacio seguro donde el “no poder” se resignifique como un acto creador, una oportunidad de reorganizar la experiencia y de descubrir una narrativa más auténtica de sí mismo.
Disponible en: https://www.mercadolibre.com.mx/libro-on-not-being-able-to-paint–marion-milner/up/MLMU502696546

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