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file4451292540297Cuando Diciembre llega a cada casa en imposible no notar los pequeños cambios que se pueden apreciar desde las ventanas de los vecinos: se empiezan a engrandecer los espacios de la sala para hacer lugar al árbol, las series navideñas comienzan a destellar para cambiar el led fundido, nochebuenas aderezan el conjunto. En otros hogares se notan cajas los fines de semana, desempolvando las esferas almacenadas.

En los mercados se ven las figuras que pueden reemplazar la que por accidente quedo pulverizada en el piso, el heno y las esencias de manzana canela terminan con el toque final de sabernos cerca de la Navidad, para muchos esta preparación trae esperanza, calidez y felicidad. Para otros la Navidad representa el más cruel desafío: cuando sentimos una gran ausencia en nuestro corazón.

Cuando eso pasa, ya no hay ansía o expectación para estas fechas, las luces no son ya tan brillantes, el árbol se vuelve sombrío y ni los olores son suficientes para quitarse la pesadez, las ganas de nada. La necesidad de detener el tiempo.

Tras la pérdida del ser querido la Navidad se convierte en el recordatorio inevitable y cruel de que ya nada puede ser igual, incluso el sentido de esta festividad (el estar con los que quieres, compartir y celebrar) se va con quien ha partido y nos deja con una imposibilidad: llenar la ausencia. Para esta tarea se llegan a elegir dos caminos: se hace un sobreesfuerzo para pasarla con la familia que queda con la firme convicción de no decir nada sobre la persona que ya no se encuentra presente. Esta exigencia autoimpuesta por lo general agrega a la persona en duelo mayor tensión, mayor ansiedad y la firme convicción de que la Navidad se ha vuelto horrible ya que no hubo tampoco la posibilidad de pasarla al menos de forma relajada. El segundo camino que se puede elegir es Huir, ya sea por irse de viaje y no pasar las fiestas decembrinas en casa o por la negativa de unirse al resto de la familia a compartir los romeritos y la ensalada de manzana o por tratar el doceavo mes del año como un segundo noviembre que te puede depositar en enero. El resultado de este camino tampoco resulta productivo; el tiempo afuera no se detiene y lo que requiere afrontarse se queda atorado sin poder salir y sin poder adaptarse a este nueva realidad que la vida te ha puesto.

 

 ¿Qué se puede hacer entonces?

  1. Respeta y expresa tu sentir

Es normal sentir como si se jugará serpientes y escaleras, crees estar bien avanzas y de repente se cae en una profunda tristeza y en otras ocasiones te toca la casilla de la escalera que incluso te provoca una sonrisa. Otorga para cada sentimiento el tiempo debido, para ello será necesario que quites de tu cabeza todos los “deberías” de tu pensamiento. El duelo es único como la persona que lo experimenta y la expresión del duelo y los sentimientos implicados son tan únicos como tu huella digital.

      2. Si cambia tu vida, cambia tu entorno

Regularmente este día de fiesta suele ser estresante y demoledor para cualquier persona… mucho más aún para un doliente que a ello debe añadirle el enorme dolor así como el impacto físico y emocional que produce. Por eso es importante que no te sientas obligado a participar en actividades para los que no te sientas listo. El duelo lleva su propio ritmo y su propio tiempo y no tienes por qué cargar en ti más preocupaciones o presiones. No es necesario dejar el festejo de la Navidad intacto, intenta hacer actividades adicionales. Aprovecha esta oportunidad de hablar con tus amigos o familiares sobre tus deseos y sobre lo que te gustaría que sucediera ese día

3. No dejes  que el Tic-Tac te presione

Es verdad, el reloj y el caer de los días en el calendario son los más complejos y amenazantes. Se nos pide concentración para dar la opinión sobre la cena a preparar, los regalos y hasta los invitados… en esta temporada es posible que experimentes cambios en tu alimentación, dormir de más o incluso el insomnio te visita, te sientes irritable y más cansada que de costumbre. Para estos días se vuelve imprescindible el que puedas regalarte un tiempo fuera. Puede resultar buena opción salir a caminar, meditar, salir a tomar un café con alguna amistad, escucha música que te agrade. Permítete hacer por un momento aquello que te gusta, te permitirá tomar un respiro y recargar ánimos para la fiesta

     4. ¡Manos a la obra!

Tus manos son excelentes herramientas, ya sea que lleves un diario en que detalles la experiencia del duelo o escribir alguna poesía el poner manos a la obra es muy útil para poder darle salida a los sentimientos. Worden (2004) nos ofrece la opción de realizar un Libro de recuerdos cuya actividad se puede realizar conjuntamente con la familia, dicha actividad ayuda a recordar historias, afianza los vínculos entre los dolientes y ofrece una imagen más real sobre el ausente. Puede contener fotografías, dibujos y escritos de todos los participantes.

 

2081614017_21b2b7b400_mPuede que la Navidad no se sienta igual, puede que no huela a lo mismo ni se saboree de la misma manera. Es posible que las luces no parezcan brillar tanto porque no será la misma pero no tiene que ser una sentencia de angustia o sufrimiento. No existe una receta mágica que te haga “sobrevivir” al 24 y el 25. Me gustaría que al acabar de leer estas líneas sepas que en tus manos está el que sea diferente y estas sugerencias pueden ser el inicio.

Recuerda que siempre puedes pedir apoyo y ayuda de un profesional.

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